Lilia Alejandra García Andrade

NACIONAL
VIOLENCIA
   Exigen activar la AVG en CDMX
"El único rosa que nos deja Mancera son las cruces del feminicidio”: feministas
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 26/02/2018

“¡El único rosa que nos deja Mancera son las cruces del feminicidio!” fue la consigna que ayer por la tarde pronunciaron colectivos feministas, jóvenes y madres de mujeres asesinadas a las afueras del Palacio de Gobierno, en el Zócalo de esta capital, para reprobar la renuncia de Miguel Ángel Mancera Espinosa en medio del proceso de la Alerta de Violencia de Género (AVG).

Este domingo las capitalinas convocaron a una protesta afuera de las oficinas del todavía jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, en repudio al incremento de violencia de género y los casos de feminicidio ocurridos bajo su administración, 260 según datos de la Procuraduría General de Justicia local (2012-2017).

La madre de Lesvy Rivera -víctima de feminicidio en Ciudad Universitaria- Araceli Osorio, tomó el micrófono y se hizo escuchar “Mancera no se va a llevar la frente en alto” para llegar al senado con la cantidad de mujeres -que como su hija- dijo, han sido asesinadas y sus casos permanecen en la impunidad.

Araceli Osorio y otras activistas no sólo reprobaron la renuncia de Mancera, sino también de la secretaria de Gobierno, Patricia Mercado, quien de acuerdo con las organizaciones, era pieza fundamental en el seguimiento del proceso de la AVG, pero que ya dejó el cargo para postularse como candidata al senado.

Cabe recordar que en declaraciones previas a la prensa, Patricia Mercado afirmó que no era necesario activar el mecanismo en la Ciudad de México porque los asesinatos de mujeres “están por debajo de la media nacional”.

Las feministas condenaron que la salida de ambos funcionarios “coincidió” con la decisión de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) de aplazar la entrega del informe de la AVG hasta el próximo 28 de febrero, cuando ya dejaron sus cargos. Por lo que demandaron la activación de la AVG en la Ciudad de México.

“No es una Ciudad de vanguardia, no es una ciudad progresista, no se imparte justicia, las niñas y mujeres no están seguras”, denunciaron las mujeres quienes una por una relataban sus experiencias de violencia en la ciudad que ocupa el primer lugar en violencia comunitaria –principalmente violencia sexual- según la Encuesta sobre las Dinámicas de la Relaciones en los Hogares 2016.

Al concluir la protesta, las mujeres plantaron las cruces rosas en la jardineras del Zócalo capitalino, en ellas colgaban fotografías de adolescentes, niñas y adultas asesinadas; algunos rostros conocidos que han marcado la administración de Marcera como el de Victoria Pamela Salas y Lesvy Berlín Rivera Osorio. Para todas ellas pedían justicia.

La AVG para la Ciudad de México fue solicitada el 7 de septiembre de 2017 por las organizaciones el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), Justicia Pro Personas AC, la Red Nacional de Organismos de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas y Todos” (Red TDT) y el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria en las 16 delegaciones de la capital.

FIN SEMANA POR VÍCTIMAS DE FEMINICIDIO

También este fin de semana las madres de Lilia Alejandra García Andrade y Nadia Alejandra Muciño Márquez, exigieron justicia para sus hijas, la primera asesinada en febrero de 2001 en Ciudad Juárez, Chihuahua y la otra, en 2004 en el Cuautitlán Izcalli, Estado de México.

A través de un performance en el Hemiciclo a Juárez relataron los casos de feminicidio de estas mujeres, como parte de una campaña para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) les brinde un espacio en el próximo periodo de audiencias a celebrarse en mayo en República Dominicana.

18/HZM/LGL

 








NACIONAL
VIOLENCIA
   Nadia Muciño y Lilia Alejandra esperan justicia
Pedirán a CIDH celeridad en casos de feminicidio
CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta
Por: Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 21/02/2018

En memoria de los 17 años del feminicidio de Lilia Alejandra García Andrade, ocurrido en Ciudad Juárez, Chihuahua y a 14 años del feminicidio de Nadia Alejandra Muciño Márquez, perpetrado en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, sus madres se reunieron esta mañana para hacer un llamado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a dar celeridad al proceso de sus casos.

Cada febrero, Norma Andrade, madre de Alejandra García y María Antonia Márquez, madre de Nadia Muciño, exigen al gobierno mexicano justicia para sus hijas, el derecho a la verdad, buscan que sus casos no sean olvidados y recuerdan que la violencia contra las mujeres no es distinta a la que enfrentaban hace una década, señalaron hoy en conferencia de prensa.

Estos casos de feminicidio ocurrieron en diferentes años, en distintos estados del país, pero presentan similitudes: están en la impunidad, hubo negligencias en las investigaciones, las hijas e hijos de las víctimas quedaron en la orfandad ante el feminicidio de sus madres, y por ello están en manos de la CIDH.

CIUDAD JÚAREZ: ALEJANDRA

Alejandra García desapareció el 14 de febrero de 2001 en Ciudad Juárez, Chihuahua, siete días más tarde el cuerpo de la joven de 17 años de edad fue encontrado en un lote baldío con signos de violencia sexual.

A 17 años del feminicidio, Norma Andrade explicó en conferencia de prensa que la Procuraduría estatal cuenta con los perfiles genéticos (ADN) de los presuntos asesinos y se sabe que es un grupo de hombres que entre 1994 a 2005 asesinaron otras cinco mujeres en Juárez, pero ninguno ha sido detenido. 

La defensa legal de la madre de Lilia Alejandra presentó el caso ante la CIDH en 2002. La Comisión Interamericana lo admitió en mayo de 2012 y atraviesa la última etapa del proceso, sólo esperan que el órgano internacional emita un pronunciamiento de fondo sobre el caso y eventualmente puede abrir la puerta para que llegue a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), indicó la abogada especialista en feminicidio, Karla Micheel Salas Ramírez.

Cabe recordar que el único caso de feminicidio que ha llegado a la CoIDH, es el conocido como “Campo Algodonero”, el feminicidio de ocho mujeres ocurridos también en Ciudad Juárez y por el cual el Estado mexicano obtuvo una sentencia en su contra, el cual estuvo litigado también por Salas Rodríguez y por abogadas del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem).

ESTADO DE MÉXICO: NADIA MUCIÑO

El 12 de febrero de 2004, Nadia Muciño fue asesinada en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, por su entonces pareja, Bernardo López Gutiérrez y su cuñado Isidro, alias “El Matute” enfrente de sus tres hijos entonces menores de edad.

Los feminicidas hicieron pasar el asesinato como suicidio y la Procuraduría mexiquense lo investigó bajo esta hipótesis, pero la insistencia de Antonia Márquez, madre de Nadia, permitió que se redireccionara la indagación, sin embargo, en febrero de 2010 “El Matute” fue puesto en libertad por un fallo de la Sala Colegiada Penal de Tlalnepantla, quien determinó que no había pruebas suficientes del feminicidio y los testimonios de los hijos de Nadia no eran suficientes.

A penas el año pasado, el 13 de octubre Bernardo López fue sentenciado a 42 años 6 meses de prisión por delito de “homicidio agravado”, pero esta sentencia fue apelada en diciembre por el Ministerio Público local por considerar que no era suficiente.

En este caso, el feminicidio de Nadia Muciño está en proceso de admisibilidad en la CIDH, es decir, tanto el Estado mexicano y las víctimas ya han presentado a la Comisión los motivos por los cuales consideran que debe, o no, atraer el caso.

Corresponderá a la CIDH determinar su procedencia y de ser aceptado, sería el primer caso de feminicidio ocurrido en el Estado de México que llega ante la Comisión.

REINVIDICAR LA LUCHA DE LAS MADRES

Las dos madres y ahora defensoras de los derechos de las mujeres, expusieron en la conferencia de prensa, que a través de la plataforma digital change.org buscarán a través de una petición, recolectar firmas y enviarlas a la CIDH para que les dé respuesta pronta sobre sus casos.

Anunciaron también que a partir de este año cada mes de febrero-en conmemoración de ambos casos de feminicidio- entregarán a madres de víctimas de feminicidio, el reconocimiento “Siempre por ellas”, que busca visibilizar a madres que como ellas, han emprendido un camino de lucha para obtener justicia para sus hijas. El reconocimiento incluye la grabación de un video que permita conocer la historia de lucha de estas mujeres.

Se otorgará conjuntamente con la organización civil Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social (Gadh), que también acompaña casos de mujeres víctimas de violencia. Únicamente por este año, se entregará el próximo 6 de marzo.

18/HZM/LGL








NACIONAL
VIOLENCIA
   Norma Andrade
“Quiero evitar la muerte de las jóvenes, el dolor de otra familia, de otros niños”
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 14/02/2017

Antes de ser activista, Norma Andrade era docente, vivía en una “burbuja de color de rosa” y no sabía que los casos  feminicidio aumentaban en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde 1993. Hasta que llegó el año 2001, cuando asesinaron a su hija Lilia Alejandra García Andrade.
 
Han pasado 16 años desde que Alejandra desapareció, un 14 de febrero de 2001. Al día siguiente, su madre interpuso una denuncia. Seis días después, el cuerpo de Lilia fue encontrado en un lote baldío con signos de violencia sexual. Hoy, su caso sigue impune.  
 
Norma Andrade es hoy una de las madres que se han convertido en activista e investigadora, un ejemplo de lucha. La llaman activista desde 2012 y, para mí, explica en entrevista con Cimacnoticias, “es nuestro derecho saber lo que sucedió”. Y no habla solo del caso de su hija, porque Norma se unió a un movimiento donde habla por las cientos de mujeres que fueron asesinadas y desaparecidas en Juárez.
 
DE LA DOCENCIA AL ACTIVISMO
 
Después del feminicidio de Alejandra, se volvió una obsesión para Norma leer y ver las noticias todos los días, quizá para encontrar respuestas del asesinato y se “dio cuenta que había otras mujeres asesinadas y desaparecidas”. Notó que en Ciudad Juárez “algo estaba pasando”.
 
Los años 2001 y 2002 marcan la división que tuvo su vida, en el antes y el después del asesinato de su hija; y en el antes como docente y en el después como  activista y defensora de Derechos Humanos (DH). Durante 2001 fue mi exigencia como mamá ante las autoridades, dice. “Exigía justicia yo sola, iba a la Fiscalía, hablando en singular, en la situación personal de Alejandra, creyendo toda las mentiras que nos decían las autoridades”.
 
“Pero en el 2002, después de lo de Campo Algodonero, abro los ojos, las mismas organizaciones me hacen abrir los ojos, y conozco a otras mamás del caso y veo que somos muchas. Me doy cuenta de que lo que decían las autoridades eran mentiras, es cuando me integro y empiezo a exigir, ya no sólo como mamá de Alejandra, sino como compañera de otras igual que yo”, agregó Andrade.
 
MARISELA Y “NUESTRAS HIJAS”
 
En 2001, la maestra de Alejandra, Marisela Ortiz Rivera, consternada por el asesinato de su alumna y ante la injusticia en Ciudad Juárez, impulsó a Norma Andrade para crear juntas “Nuestras Hijas de Regreso a Casa”, agrupación que se volvió pionera en la documentación de casos de mujeres desaparecidas o asesinadas en Juárez.
 
Al igual que Norma, en 2011 Marisela Ortiz se vio obligada a optar por el exilio y abandonar Ciudad Juárez, para vivir en Estados Unidos, ante las reiteradas amenazas en su contra.
 
MADRE DE NUEVO
 
Tras el asesinato de Alejandra, Norma vivió otra tragedia: la muerte de su esposo, un año después. Durante el funeral, fue sacada por las autoridades para corroborar que era capaz de obtener a custodia de sus nietos. “Me convertí en madre de nuevo, recuerda Norma, pero ahora ya no era joven, sino una adulta con menos energía y con dolor inmenso que dejó el feminicidio de mi hija”.
 
Andrade se volvió la cabeza de su familia, dejó las clases de básquetbol que impartía por las tardes a sus alumnos y se dedicó   cuidar de su nieta y nieto de un año y cinco meses de edad, respectivamente.
 
Con el tiempo, le empezaron a preguntar por su madre, “¿cómo le explicas a un niño que su madre se fue y no va volver?”. Ahora son jóvenes tienen 17 y 16 años, ambos siguen el ejemplo de su abuela.
 
La mayor va terminar la preparatoria; dibuja, escribe poemas y cuentos que hablan del feminicidio. Durante la entrevista con Cimacnoticias, lee serena un pensamiento que le escribió a su madre:
 
 “Tú me viste nacer pero yo no te vi crecer, tal vez no estuviste conmigo cuando cumplí 16, tal vez no estuviste conmigo cuando cumplí 10,  pero en todo momento estuviste presente desde el cielo y lo lejano”.
 
El menor de sus nietos, por el contrario, es discreto, no habla del caso de su madre, pero cuando escucha una conversación donde se refieren de manera despectiva a los asesinatos de mujeres, argumenta contra ellos, “se les va encima”, dice Norma.
 
EL PELIGRO DE SER ACTIVISTA
 
Norma es implacable. Durante 16 años no sólo ha exigido justicia para su hija, sino para a todas las mujeres que fueron y son asesinadas en Ciudad Juárez.
 
Con su activismo ha pisado talones, ha molestado a aquellos funcionarios que no se atreven a mirar ni siquiera los expedientes de feminicidio ocurridos en su tierra natal. “En esta lucha, he gritado, he molestado. Tomé instituciones, me encadené a Los Pinos y le grité a Vicente Fox si le faltaban agallas”, recuerda.
 
Andrade es una mujer de carácter fuerte, tenaz, severa. Desde que trabajaba en la maquila, antes de ser maestra, era la primera en denunciar la garantía de sus derechos laborales, pero con el tiempo se ha vuelto o la “han vuelto” como relata, en una experta, “El carácter siempre lo he tenido, no así la ideología y la formación porque realmente, como dicen, me preguntaba ¿qué es un derecho humano?”.
 
La activista puso a temblar y a trabajar a las autoridades de Chihuahua. Cuando llegaba al Ministerio Público, todos advertían “ahí viene la maestra”. En mayo de 2012 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admitió para la revisión el caso de Lilia Alejandra García Andrade.
 
Pero cuando alguien se enfrenta a un sistema inoperable y corrupto, también pone su vida en riesgo: en 2012, Andrade tuvo dos intentos de asesinato en tan sólo dos meses.
 
En la primera ocasión, en Juárez, recibió cinco disparos de arma de fuego, en la segunda, en su exilio a la Ciudad de México, sufrió un atentado con arma blanca. En ambos sobrevivió.
 
Estos atentados se sumaron a las amenazas que recibieron Marisela Ortiz, Cipriana Jurado, Sara Salazar y Emilia González; así como a los asesinatos de las activistas Marisela Escobedo, Susana Chávez, Josefina Reyes, Luisa Ornelas y Malena Reyes. Todas ellas defensoras de DH en Ciudad Juárez.
 
Ahora Norma muestra sus cicatrices, ríe, dice que le quedaron “bonitas”, que es una “chica de 10” porque una bala está alojada a 10 grados de su corazón. Sin embargo, cuando habla de sus nietos, hay un nudo en su garganta, tiene miedo de que les ocurra algo. La hija mayor de Alejandra presenció los dos atentados, dice. Para ellos también ha sido un camino duro.
 
En 2008 la CIDH otorgó medidas cautelares para ella y las integrantes de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, su hija María Luisa (Malú) García Andrade y Marisela Ortiz. En febrero de 2017, su hija Malú volvió a ser víctima de un intento de asesinato.
 
El trabajo de Andrade fue reconocido en el 2016 con el Premio Hermila Galindo. Por unanimidad, el jurado decidió que su trayectoria en busca de justicia merecía el galardón que cada año entrega la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.
 
REPENSAR JUÁREZ
 
Han pasado 16 años y la única pista que existe para llegar al asesino de su hija es una prueba de ADN que se tiene desde 2010, hasta el momento no se ha podido identificar a quién pertenece.
 
“Hay días en los que no hay respuestas, parece que es una lucha sorda, las burlas que hacen las autoridades a nuestras personas lo hacen pesado. Claro, en este camino hay personas que te apoyan y te levantan. He tenido amigos muy solidarios, que cuando decaigo han respetado mis silencios y me han ayudado a volver a levantarme”, dice Norma.
 
Anhela regresar a Juárez, volver a la docencia, su pasión. Pero sabe que el tiempo ha pasado, reconoce que la inseguridad en su tierra sigue, que aún quedan años de lucha para lograr justicia para Alejandra y las demás víctimas.
 
“Sé que soñar es mucho, yo pienso que no debemos soñar, hay que vivir en realidades, pero algo que sí me gustaría evitar es la muerte de las jóvenes, es algo por lo que sigo en esto, quiero evitar el dolor de otra familia, de otros niños, porque muchas de ellas eran madres y yo creo que los más ausentes y afectados son ellos”.
 
Sabe que a sus nietos les queda un largo camino, “creo es lo que más me cuesta aceptar, dice. “Pienso que regresar es un sueño porque la realidad es difícil, regresar sería privarlos de sus oportunidades, el tiempo no se detuvo, todo ha seguido y ya no sólo es lo que yo pienso, están ellos”.
 
17/HZM/GGQ
 








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