Marielle, la voz de todas

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Marielle, la voz de todas
CIMACFoto: Lucía Lagunes Huerta
Por: Julia Lima*
Cimacnoticias | Brasil, Bras.- 21/03/2018

Un aviso a todas las mujeres que luchan de que los espacios de poder no son para nosotras y un recado sombrío a las personas que defienden los Derechos Humanos de Brasil. Esos fueron los mensajes implícitos en la noticia de que Marielle Franco había sido asesinada el pasado miércoles 13 de marzo, en Río de Janeiro.

Un crimen con señales claras de ejecución. Ella salía de una actividad con mujeres afrodescendientes cuando un coche aparcó al lado del suyo y un tirador disparó cerca de 13 balazos en la puerta donde ella estaba. Cinco disparos fueron en su cabeza y otros alcanzaron al conductor del coche, Anderson Pedro Gomes, que también falleció.

Marielle era una mujer afro, madre soltera, defensora de Derechos Humanos, nacida y criada en una favela en Río de Janeiro. Llevaba en su existencia muchos símbolos de resistencia. Contrariando a las estadísticas, en 2016 fue elegida consejera de la ciudad de Río de Janeiro. Fue la quinta más votada. Estaba poniendo en práctica un mandato participativo, construido con mujeres, favelados y gente que suele estar marginada de los espacios políticos institucionales en Brasil. Marielle hacía política para los excluidos, proponiendo iniciativas para combatir la violencia en contra de las mujeres, para ampliar los derechos de las afrodescendientes y para garantizar los derechos de la población pobre.

Hacía críticas al modelo de las fuerzas de seguridad brasileñas y constantemente denunciaba la violencia policial que victimiza sobre todo a jóvenes afro en nuestro país.

Recientemente había sido elegida presidenta de la comisión legislativa que acompañaría la intervención de las Fuerzas Armadas en Río de Janeiro, una medida controversial recién tomada por el gobierno golpista de Michel Temer, que está siendo cuestionada por muchos sectores de la sociedad pues solamente impactará a la población de las favelas con más violencia y militarización y no resolverá en nada el tema del narcotráfico en la ciudad más turística del país. Marielle era una voz crítica de la intervención militar.

Por tratar estos temas poniendo luz a un lado de la historia normalmente invisibilizada, Marielle era una de las voces más representativas de lucha por la igualdad de género y raza en el país y justamente por eso fue ejecutada. Su muerte no es solamente la interrupción de la vida de una mujer afrodescendiente que tendría seguramente una poderosa trayectoria de lucha por la igualdad y la justicia, es también un claro mensaje de miedo para las mujeres defensoras de Derechos Humanos que ocupan espacios de poder tradicionalmente masculinos.

El asesinato de Marielle está inserto en un cuadro crítico de violencia y exterminio de los que luchan por los derechos en Brasil, y denuncian el Estado brasileño como el principal violador de esos derechos.

Una escalada de homicidios de personas defensoras de Derechos Humanos está en curso en el país -que se ha colocado como uno de los que tiene más altos índices de asesinatos de defensores del mundo-. Mujeres y hombres de distintas partes del país que luchan por la permanencia en sus territorios en cuanto pueblos tradicionales, que denuncian los impactos socioambientales de los megaproyectos y que luchan por el fin de la violencia estatal, como era el caso de Marielle, están en constante situación de amenaza y riesgo y muchos terminan asesinados en crímenes planeados que siguen sin elucidación.

Pero el asesinato de Marielle impactó a los brasileños y al resto del mundo de manera distinta. Matar a una representante política del pueblo en medio de una de las más grandes ciudades del país hace que su caso sea emblemático y muy representativo de que los que planean frenar la lucha por derechos en el país no medirán esfuerzos para hacerlo. 

Sin embargo, nuestros esfuerzos para garantizar justicia por sus muertes debe tener la misma dimensión. Estamos frente a un asesinato político y es así que el Estado brasileño debe investigarlo.

El aumento de la intervención militar en Río de Janeiro no es una medida eficaz para elucidar ese crimen sino que intensificará las violaciones de Derechos Humanos de las comunidades periféricas, y eso es justo lo que Marielle combatía.

No es tiempo de retroceder. Miles de nosotras ocupamos las calles de distintas ciudades del país desde la última semana no solamente para exigir justicia a Marielle Franco, también para seguir resonando su voz en contra de la violencia hacia las mujeres, en contra el exterminio de la juventud afro, en contra un modelo de seguridad pública racista.

Las voces de miles de mujeres que piden justicia por Marielle Franco se unen con las que buscan el fin de la violencia de género en el país. Son ellas quienes están al frente de la defensa de los Derechos Humanos en un momento en que las desigualdades históricas y estructurales en Brasil están avanzando a pasos largos otra vez.

Marielle vive en cada una de nosotras y seguir su lucha es la mejor manera de que se haga justicia por su muerte.

*Comunicadora, feminista, coordinadora del área de Protección a la libertad de expresión de Article 19 Brasil, e integrante del Comité Brasileño de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos

18/JL/LGL