Capitanas alemanas a bordo de barcos de ONG salvan la vida de migrantes

INTERNACIONAL
DERECHOS HUMANOS
   Mientras una se confronta con el gobierno italiano, otra enfrenta juicio
Capitanas alemanas a bordo de barcos de ONG salvan la vida de migrantes
Imagen retomada del Twitter de Sea Watch |Foto: Jonas Schreijaeg
Por: Sonia Gerth
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 27/06/2019

En la defensa por los derechos de las personas migrantes que cruzan el mar mediterráneo para llegar a Europa, dos mujeres han tomado un rol protagonista: las alemanas Carola Rackete y Pia Klemp, son capitanas de los barcos de la ONG “Seawatch”, una de las organizaciones privadas europeas que emprenden el rescate de personas en emergencia.

La ruta más usada por las y los migrantes, en su mayoría provenientes de África, es por Libia, un estado en completa descomposición, que viola los Derechos Humanos y es conocido por violaciones, asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias, abusos sexuales en grupo, esclavitud y extorsión en sus centros de detención oficiales y no oficiales, detalló en un informe Naciones Unidas.

De acuerdo con los relatos de personas refugiadas, en muchos casos, los criminales que lucran con ellas las obligan con un arma a embarcar en balsas que no están en condiciones de navegar, y después las dejan abandonadas en el mar. Es por eso que muchas balsas se hunden. De acuerdo con estimaciones de la Agencia de la ONU para Refugiados, en 2019 hasta la fecha, han muerto 581 personas en el mar mediterráneo.

Pero la política de los gobiernos de la Unión Europea se rige más y más según el lema de “disuasión”, aunque sea a costa de vidas humanas y sus países integrantes no se pueden poner de acuerdo sobre cómo distribuir a las y los refugiados. En 2018 cuando el nuevo gobierno derechista asumió el poder en Italia, frenó todas las misiones de rescate de la Guarda Costera.

Desde entonces, los barcos oficiales en muchos casos mandan a las y los refugiados de regreso a Libia. Los únicos barcos que buscan de manera proactiva balsas en estado de necesidad, son de organizaciones privadas de Derechos Humanos pero éstas son criminalizadas como “traficantes”, por lo que los barcos han sido detenidos durante semanas por supuestas faltas administrativas, para que no puedan desembarcar, y cuando vuelven con personas refugiadas a bordo, se les prohíbe entrar a puertos italianos.

Es el caso de la “Sea Watch 3”, barco comandado por Carola Rackete. El 12 de junio, la tripulación salvó la vida de 53 personas migrantes, pero desde entonces, no han podido entrar al puerto más cercano, como manda el derecho marítimo. Al contrario, tuvieron que mantenerse en mar abierto, enfrente de la isla de Lampedusa, porque según un nuevo decreto del ministro interior italiano, Mateo Salvini, quien sigue una política abiertamente antinmigrante, puede multar con 50 mil Euros (aproximadamente un millón de pesos mexicanos) a barcos que entren a aguas territoriales italianas; barcos que considera un “peligro para la seguridad nacional”.

Salvini ya tuiteó lo que piensa sobre la “Sea Watch”: “Barco holandés, organización alemana. Mitad de refugiados a Ámsterdam, la otra mitad a Berlín. Y luego confiscar el barco pirata, punto.” Sólo ha permitido que once personas: embarazadas, niñas o niños pequeños y personas enfermas, sean trasladadas al continente. 42 personas refugiadas permanecieron a bordo.

Pero conforme iba pasando el tiempo, aumentó la tensión y la desesperación entre ellas. La organización Sea Watch ha destacado en muchas ocasiones en el pasado, que la mayoría de las y los refugiados son traumatizados. Tienen años de estar huyendo desde sus países de origen. “Tenemos muchas personas traumatizadas y torturadas que necesitan acompañamiento psicológico”, dijo la médica del barco, Verena, en redes sociales.

“Estamos cansadas y cansados. Imagínate huir de Libia y estar en este barco pequeño donde ni siquiera hay espacio para caminar. Forzadamente vamos a caer enfermos”, dijo Hermann, un refugiado en un video publicado hace tres días por Sea Watch, “por favor, ábranos un puerto.”

La capitana, Carola Rackete, consideró una obligación ética ayudar a las personas que no tuvieron los mismos privilegios que ella. “Tengo piel blanca, nací en un país rico, tengo el pasaporte ‘correcto’, pude estudiar en tres universidades, tuve mi maestría a los 23 años”, dijo al periódico italiano “La Republicca”. Estudió náutica, y tiene una maestría en protección del medio ambiente, trabajó para Greenpeace y en barcos científicos en el océano Ártico antes de ingresar a Sea Watch, en 2016.

Ahora, tiene la responsabilidad de la tripulación y 42 personas refugiadas. Ha hecho una ardua labor de documentar en redes sociales lo que significa tener tantas personas a bordo y no poder embarcar. La confrontación con el gobierno italiano llegó a su punto culminante en horas de la tarde del 27 de junio.

“He decidido entrar al puerto de Lampedusa. Sé lo que estoy arriesgando, pero las personas están agotadas. Los llevo a salvo”, anunció Rackete, incitando la furia del ministro Salvini. Por el momento, el barco está muy cerca del puerto, pero las autoridades portuarias de Lampedusa les dijeron que no hay atraque, denunció la capitana hoy. Elementos de la Guardia Costera y de la aduana han abordado el barco para examinar todos los documentos y esperan más instrucciones.

Sea Watch advierte que después de esta acción, el barco podría ser confiscado y la capitana criminalizada por las autoridades italianas. Mientras tanto, otra capitana de la misma organización, Pia Klemp, enfrenta un juicio en Italia por “ayudar a la inmigración ilícita”. La bióloga ha salvado la vida de más de mil personas, pero ahora teme una condena de 20 años en prisión.

Aunque ella no espera una sentencia condenatoria, las indagaciones han impedido su trabajo. Desde el otoño de 2018 no ha pisado un barco. “Obviamente, todo esto no es un proceso normal, sino un juicio político. Varios tribunales han determinado que la salvación de las personas en peligro es la máxima prioridad. El propósito del proceso es bastante diferente: paralizarnos por un tiempo y disuadir a otras organizaciones de ayuda”, dijo Klemp al periódico alemán “Neues Deutschland”.

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