Se niega patrón a pagar liquidaciones a trabajadoras de maquila

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LABORAL
   Las responsabiliza del quiebre de la empresa; ellas mantienen plantón
Se niega patrón a pagar liquidaciones a trabajadoras de maquila
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.- 01/08/2014

Desde hace un año, ex trabajadoras de la Maquila Cartagena, ubicada en la delegación Iztacalco en esta capital, resguardan la maquinaria con la que elaboraban camisas con la esperanza de que su ex patrón, Ernesto Kuri Serur, les pague los sueldos y liquidaciones que aún les debe.
 
Al menos 20 ex trabajadoras (entre costureras, planchadoras y supervisoras) de la ahora inactiva Maquila Cartagena que operaba desde los años 40, mantienen un plantón afuera de las instalaciones de la empresa: un edificio oscuro y deteriorado al que lo protegen una rejas que anuncian su clausura.
 
Luego de la muerte del primer y el segundo administrador, para el que algunas de las empleadas trabajaron más de 30 años, en 2012 la empresa –que producía camisas para la marca Paco Rabanne– quedó en manos de Ernesto Kuri, hijo del primer propietario.
 
Las trabajadoras dijeron a esta agencia que desde su llegada en ese año, el empresario anunció una supuesta baja en las ventas del negocio, por lo que empezó a disminuir prestaciones y pago de utilidades y quedó a deber sueldos –que de por sí eran mínimos, en promedio 600 pesos al mes–.
 
A las supervisoras y empleadas de mayor rango no les daba aumentos de sueldo anuales porque, a decir del patrón, “ése era únicamente para las que ganaban el mínimo”. Además, según relataron las trabajadoras, Kuri siempre mantuvo más comunicación con los varones, quienes se empleaban en el almacén, que con las mujeres costureras.
 
En 2013, de 250 empleadas que iniciaron durante la administración de Kuri sólo quedaron 100, a quienes la necesidad y el anhelo de una jubilación y liquidación digna las hizo defender su empleo.
 
El patrón las convenció de que el negocio podía mejorar si ellas aumentaban la producción, lo que las llevó a laborar jornadas hasta de 14 horas sin pago extra.
 
Durante ese periodo, según contaron, siete mujeres que hacen guardia por las tardes en el plantón, experimentaron mucha presión laboral y algunas incluso enfermaron.
 
Reiteradamente el patrón señalaba sus fallas, las culpaba de la caída del negocio y desvalorizaba el trabajo que día a día realizaban con más esfuerzos, sin embargo ellas seguían trabajando aunque tuvieran poca materia prima (telas e hilos).
 
Una de ellas se percató de que luego de 31 años de estar pagando con su sueldo un fondo en el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), para lo cual la empresa le descontaba 500 pesos al mes, este dinero no llegaba a la institución.
 
La afectada, Lucía Guzmán, de 25 años de edad, encaró al patrón y éste le reveló que con ese dinero estaba pagando el sueldo de sus compañeras, pero le aseguró que en cuanto la empresa mejorara empezaría a pagarle la deuda.
 
Aunque se supone que las trabajadoras tenían seguridad social, de repente quienes quisieron atenderse un problema de salud o efectuar una operación quirúrgica que ya estaba programada, se encontraron con que tampoco tenían esta prestación.
 
A pesar de eso, y con la convicción plena de que su trabajo levantaría el negocio –único sustento de sus familias– decidieron quedarse y continuar laborando.
 
La tarde del 26 de julio de 2013, y luego de terminar su jornada, Kuri Serur las reunió a todas y les dijo: “Se hundió el barco y las trabajadoras con él”. También les anunció que, por la quiebra, no podía pagar los sueldos que debía ni la liquidación para ninguna, pese a que había mujeres con más de 39 años de antigüedad.
 
SIN ACCESO A LA JUSTICIA
 
Las trabajadoras lamentaron que por no conocer sus derechos laborales no actuaron más rápido; pero aseguraron que cuando se reunían al interior de la maquiladora inmediatamente eran cuestionadas y se les obligaba a disipar los grupos.
 
Días después del despido, algunas de ellas se reunieron y coincidieron en que sus derechos estaban siendo atropellados, por eso buscaron al empresario e intentaron negociar sus pagos, pero él se negó.
 
Consiguieron a un abogado, Eduardo Díaz, quien prometió ayudarlas como grupo. Les pidió original de sus contratos y de otros recibos. En marzo pasado les dijo que interpuso una demanda ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, y que esperaran la resolución.
 
También citó a todas para una reunión en la calle donde se ubica el inmueble en la delegación Iztacalco y les prometió que Kuri y su abogado –con quien ya hecho negociaciones– acudirían para proponer una nueva solución. Ese día fueron las trabajadoras, pero no llegó ni su abogado ni el patrón.
 
Luego de esto, el licenciado les dijo que si el patrón les ofrecía 20 mil pesos a cada una ellas deberían aceptarlo. Ante la negativa de las trabajadoras éste les dejó de contestar las llamadas. Ahora no les ha devuelto sus documentos, por lo que no pueden emprender otras acciones legales.
 
LLUEVA, TRUENE O GRANICE
 
Días después del despido, 20 mujeres se quedaron en plantón a la entrada de la maquila donde permanecen resguardando los equipos de trabajo, entre máquinas de coser y de planchar.
 
Hace dos días llovió muy fuerte en la capital. La lluvia y el granizo sumió la lona que sirve de techo a estas trabajadoras que resguardan a “sol y sombra” la maquinaria que queda al interior del inmueble.
 
Se turnan unas en la mañana y otras en la noche. Tienen una estufa eléctrica y algunos bancos de plástico. Las mantas y pancartas anuncian sus demandas: el pago del 100 por ciento de la deuda, el cual equivale para algunas hasta en 200 mil pesos.
 
Dijeron que esperan que parte de la maquinaria siga dentro porque algunos vecinos les dijeron que una noche el patrón sacó la maquinaria, y cuentan que en agosto de 2013 personal del Seguro Social irrumpió en las instalaciones para embargar lo que a ellos les debía la empresa.
 
Cuentan que a Ernesto Kuri lo ven a menudo por el plantón, ya que construyó una escuela arriba del inmueble y planea inaugurarla el mes que viene. Pasa, saluda e intenta negociar con ellas, darles a cada una 20 mil pesos, lo que no es ni el 10 por ciento de lo que les debe.
 
Todas ellas superan los 50 años de edad y después de la quiebra ya no encontraron otro empleo. Por eso laboran como empleadas del hogar y se turnan para hacer guardias en el plantón.
 
Algunos sindicatos que se acercaron a ellas les recomendaron formar una cooperativa e iniciar su propio taller, pero, aunque sí lo desean, no cuentan con los recursos para empezar a formarlo y aún tienen deudas que acumularon desde el día que perdieron su empleo.
 
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