La Asociación Filosófica Feminista y el PUEG: legados de Graciela Hierro

FEMINISMO
   Hasta el último suspiro, una vida dedicada al feminismo
La Asociación Filosófica Feminista y el PUEG: legados de Graciela Hierro
Por: Anayeli García Martínez
CIMAC | México DF.- 23/11/2009

Nada es tan violento como pretender que la mujer no existe, escribió una vez Graciela Hierro Pérezcastro, es quizá por ello, que durante su vida reflexionó sobre el ser de las mujeres y su lugar en la historia, lo hizo así hasta trascender y consolidarse como una "feminista de tiempo completo".

Graciela Hierro nació en 1928, en el Distrito Federal, en el corazón de la región más transparente y cuando aún se podían cortar girasoles en los jardines de la ciudad. Cerca de 20 millones de mexicanos habitaban un lugar donde se cuestionaba el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, de ser madres y su derecho al placer.

Procedente de una familia académica, católica y tradicional, parecía que su destino era casarse y ser madre, sin embargo hoy es recordada como una mujer de fructífero y continuo trabajo en el campo de la filosofía feminista y los estudios de género.

Desde su óptica, todas las mujeres son feministas, eso lo descubrió el día que dejo de reconocerse como hombre. El golpe de darse cuenta que era mujer le llegó cuando terminó la preparatoria y quiso estudiar medicina. No fue así, sus padres la prepararon para ser secretaría bilingüe, a pesar de sus aspiraciones, siguió la línea de vida que le había sido marcada.

Se casó y parecía que debía seguir el camino que las abuelas le enseñan a las madres, ellas a las hijas, y estas a las nietas. Sin embargo, las expectativas que se planteó cambiaron una vez que la madre de su primer esposo le aconsejó estudiar "para no terminar siendo un trapeador de la familia".

Desde ese momento surgieron sus perspectivas de desarrollo y desde entonces no dejó que se erosionaran por la ideología patriarcal. Se inscribió en la Universidad Femenina de Adela Formoso para continuar una educación en una universidad donde podía entrar y salir de las aulas a la hora que quisiera, llevar a su hija y faltar a clases. Así fue libre, y desde entones nada más la detuvo.

El interés de Graciela Hierro de que las mujeres tomaran posesión y control de su cuerpo, sus placeres y sus productos empezó a fluir. No tuvo pudor en hablar de erotismo femenino, de dejar de vincularlo con la erección y el orgasmo. Fue en la entrada de un nuevo siglo, el año 2000, cuando se atrevió a contar su historia, infancia, adolescencia, juventud y madurez en el libro Gracias a la vida", donde dejó ver que nada humano le era ajeno.

El matrimonio de sus padres duró 60 años y no obstante dejó de creer que esa era la única manera de alcanzar una vida digna de ser vivida. Como prueba de ello no se conformó con ser madre y esposa, por lo que ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Convencida de que el "género" es la construcción social que se impone a un cuerpo femenino o masculino y le conforma una identidad esperada por su cultura, continuó con su tesis de maestría donde estudió la relación entre feminismo y filosofía.

Su tesis de doctorado, El utilitarismo y la condición femenina, que después se publicaría bajo el título de Ética y feminismo, aborda el problema ético de la exclusión de las mujeres en los regímenes patriarcales. Su éxito y lucha no pararon. Al concluir el doctorado, fue jefa de la Universidad abierta de la Facultad de Filosofía y Letras.

Decidió casarse de nuevo, pero cuando en 1992 junto con 25 académicas de la UNAM e inspirada en intelectuales y filósofos como Luis Villoro, Ramón Xirau y Adolfo Sánchez Vázquez, fundó el Programa de Estudios de Género (PUEG), después de que la nombraron directora del nuevo proyecto, su segundo matrimonio terminó.

Doctora en Filosofía, Graciela Hierro aborda el tema de la ética desde el placer con una perspectiva de género que la pone a la vanguardia en el tema del derecho de las mujeres sobre su cuerpo. En ella sostiene que los estudios de género son la herramienta que permite desentrañar la diferencia entre sexo y género; el primero visto como fenómeno natural y el segundo como una construcción cultural, lo que abre la posibilidad de criticarlo y transformarlo de acuerdo con las necesidades, los intereses y los ideales que considere deseables cada persona o grupo social en cada época histórica.

Asimismo, postula el placer como el concepto determinante de la vida buena y como el criterio último de decisión para alcanzar la rectitud de las acciones. La doctora Hierro propone una utopía y una revolución copernicana, que debe ser llevada a cabo por las mismas mujeres, partiendo de su individuación, la cual se inicia con la apropiación de su cuerpo y la separación de la sexualidad de la procreación, y que culmina con la posesión efectiva de su vida total y el ejercicio de su placer. Postura revolucionaria a pesar de estar en el siglo de la tecnología.

Entre sus grandes aportes se encuentra la fundación del grupo de mujeres "Las reinas" -mujeres que dedican a la reflexión sobre su envejecer y la llegada de la muerte- donde manifestó sus ideales sobre el derecho de las mujeres mayores a una vida digna, en donde no sean juzgadas por sus capacidades reproductoras y sí apoyadas para desarrollar su conocimientos.

Respecto de su incursión en los estudios de género y la filosofía feminista, debe señalarse que en 1978 Graciela Hierro funda en México la Asociación Filosófica Feminista, afiliada a la Society for Women in Philosophy (SWIP), de Estados Unidos, y que desde entonces forma parte de grupos de estudiosas feministas de México, Estados Unidos, Canadá y Argentina.

A ella se debe también la introducción de la filosofía feminista en nuestro país, a partir de la realización de la primera mesa redonda en torno al tema La naturaleza femenina, en el Tercer Coloquio Nacional de Filosofía, organizado por la Asociación Filosófica de México, en l979.

Graciela Hierro Pérezcastro, promotora incansable del feminismo, logró realizarse, libre, como persona, y así vivió hasta que muere el 30 de octubre de 2003, heredando a las mujeres del mundo el derecho al placer, al conocimiento, y a las mexicanas más que un lugar, el PUEG, para seguir la reflexión de su ser a través de los estudios de género.

09/AGM/LGL