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Los efectos de la inflación en un país de mujeres empobrecidas
Imagen retomada del portal Expreso de Chiapas
Por: Carmen R. Ponce Meléndez*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 16/01/2018

Coloquialmente se le llama “cuesta de enero” a la inflación (aumento de precios) que religiosamente se da en el mes enero, al inicio de cada año, solamente que ahora tenemos ese problemita de la inflación desde hace un buen rato.

Los incrementos en los precios durante los primeros días o semanas de este mes son desmesurados y ya no es cuesta de enero sino del Everest. Como se aprecia claramente en la gráfica a pesar de que  solamente son algunos productos como muestra; de tal forma que las cifras que nos da el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre el crecimiento de los precios (6.77 en el Índice Nacional al Consumidor, diciembre 2017), es altísima pero de ninguna manera refleja  lo que están experimentando las mujeres trabajadoras, en términos de pérdida de poder adquisitivo de su salario.

Ver gráfica aquí

¿Qué está sucediendo?

Bueno, hubo una reforma energética que entre otras cosas liberalizó los precios de los energéticos, los dejó al libre juego de las fuerzas del mercado, es decir la ley del más fuerte; y el más fuerte no son ni con mucho las personas que viven de un ingreso fijo.

No se invirtió en refinerías, por tanto la producción de gas o gasolina nacional es muy baja. Se importa una gran cantidad de gasolina a precios del dólar que es muy alto. El gas también se importa y su precio es volátil, igual que el precio del dólar. El resultado es que el precio del gas LP ha crecido más del 40 por ciento (ver gráfica), impactando fuertemente el costo de la canasta alimentaria de las personas más pobres.

Las tasas de interés (precio del dinero) también están creciendo, se prevee que para este año Banxico genere tres incrementos; porque lo consideran un instrumento económico para frenar la inflación y el precio del dólar. También porque el Banco Central de Estados Unidos incrementa esas tasas y México lo hace de la misma manera para mantener atractiva la inversión extranjera financiera (los capitales golondrinos).

Lo malo es que con esta política se incrementan los precios de los créditos, tanto para empresas como para familias y hay menos inversión, pero también menos consumo. Según Inegi en octubre de 2017 el consumo privado de bienes importados cayó 5.5 por ciento y del nacional 2.5 por ciento, seguramente las cifras de este año no serán mejores.

Si aumenta el precio del dinero para las empresas ellas repercuten esos incrementos en los precios de los productos y el que paga el pato es el consumidor. Desde 2016 los índices de precios al productor que reportaba Inegi eran más altos que los del consumidor y claro, pronto impactaron en los precios de los productos.

Ningún aumento en la producción de los productos que tenga una empresa lo va a absorber o a reducir su tasa de ganancia, siempre la trasladará al consumidor o consumidora ese incremento en los costos. Claro que también esto tiene un límite, porque habrá menos consumo, no podrá vender sus productos, por lo menos no todos.

En la esfera política la incertidumbre que genera el proceso electoral de este año que se antoja complejo, también crea incertidumbre en las inversiones y los mercados, con efectos en el precio del dólar.

Por supuesto los factores externos también repercuten, un Presidente como Trump es una verdadera pesadilla. En la renegociación del TLCAN sigue poniendo trabas y “ocurrencias” como el muro fronterizo; cada vez se le concede más y sigue presionando. 

Los efectos están en la volatilidad del dólar y en la gran salida de capitales o de empresas extranjeras, menos empleo.

Los gobiernos neoliberales que el país ha tenido en los últimos 30 años presumían y presumen de la famosa “estabilidad macroeconómica”, anclada en la baja inflación y el control de cambios, pero lo más importante, en los bajísmos salarios y en una superexplotación de la clase trabajadora, en particular de las mujeres cuyo salario invariablemente es menor al masculino.

Según datos del Observatorio del Salario de la Ibero de Puebla, en 2017 el salario promedio masculino (mensual) era de 7 mil 365.60 pesos, pero el de las mujeres disminuía a 6 mil 187.11 pesos. Entre el 2013 y 2017 el salario promedio se contrajo en México en 14.4 por ciento.

Las mujeres que ganaban más de cinco salarios mínimos en 2005 eran 1 millón 241 mil; para 2017 esa cifra descendió 69 por ciento y se convirtió en únicamente 731mil 666 trabajadoras. Un proceso de empobrecimiento muy acelerado, ahora acompañado de crecimiento en los precios y desempleo, con altos niveles de informalidad. Es decir, sin seguridad social que las proteja, carecen de los más elementales derechos laborales.

¿Qué efectos tiene la inflación, o el crecimiento sostenido de los precios según Banxico?

  • Es un impuesto que afecta más a los hogares de menores ingresos.
  • Reduce el poder de compra de las obligaciones contractuales.
  • Afecta la planeación de largo plazo de los agentes económicos.
  • Desalienta la inversión y el ahorro de largo plazo.
  • Afecta el crecimiento económico.
  • Los periodos de alta inflación coinciden con un bajo crecimiento o caídas de la actividad.
  • Reduce la generación de empleo.
  • Encarece el costo financiero de los proyectos productivos.

Todos y cada uno de estos elementos impactan mucho más a las mujeres, sean o no trabajadoras. En los últimos diez años la inflación ha sido del 51 por ciento.

UN PAÍS DE MUJERES EMPOBRECIDAS

Sin duda la economía nacional está atrapada entre el estancamiento económico y las políticas de austeridad, como dice David Harvey: “gracias a Piketty se destruye la idea ampliamente extendida de que el capitalismo de libre mercado extiende la riqueza y que el mayor bastión en la defensa de libertades individuales. El capitalismo de libre mercado, cuando se hallan ausentes las intervenciones redistributivas del Estado produce oligarquías antidemocráticas.

Además las políticas contra la inflación  son una ´muy buena forma´ de aumentar el desempleo, y aumentar el desempleo es una forma extremadamente atractiva de reducir la fuerza de la clase trabajadora”.

Hoy, todas las organizaciones o partidos políticos del país tienen ante sí el reto de responder a un justo reclamo de las mujeres: el sistema económico no sólo produce empleos informales y una gran desigualdad de género; sino que además no produce crecimiento económico y para colmos, ahora se enfrentan a este desmesurado crecimiento en los precios de los productos básicos, que se come sus salarios y disminuye su calidad de vida, aún en los niveles mínimos que plantea Coneval.

* Economista especializada en temas de género

twitter @ramonaponce

18/CRPM/LGL








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   Más del 60 por ciento tiene trabajos precarios
Inflación impacta en economía de mujeres
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Sonia Gerth
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 12/01/2018

La liberación del precio del gas en 2017 y la constante devaluación del peso frente al dólar estadounidense fueron las principales razones para que el año pasado cerrara con una inflación de 6.77 por ciento, la mayor puntuación en 17 años.

Este desarrollo económico tiene graves efectos para las mujeres en el país. El último reporte sobre pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), indicó que en 2016, 53.4 millones de mexicanas y mexicanos, o 43.6 por ciento, vivían en condiciones de pobreza.

En comunidades indígenas, y en zonas rurales, las tasas de pobreza eran las más altas. En general, las mujeres, representaban 44 por ciento de las afectadas. Pero aún para las mujeres que no caen en esta categoría, el aumento de los precios en servicios y productos es un grave problema.

“Más del 60 por ciento de las mujeres que trabajan están en la precariedad”, explicó Maria Luisa González Marín, experta en economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El aumento de los precios les pega más duro, porque las familias más pobres gastan un porcentaje alto de sus ingresos en alimentación. Cifras de organismos internacionales sustentan esa posición.

México tiene una muy alta tasa de empleos informales, y las personas que laboran dentro de este sector tienen menos acceso al seguro social y las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar informalmente. En palabras de la OCDE, según su último informe sobre el país en 2017, “la elevada informalidad está estrechamente relacionada con la pobreza y las desigualdades de género”.

Hay mucho menos mujeres que forman parte del mercado laboral, solamente son 44 por ciento, comparado con 78 por ciento de los hombres, según la OCDE. Como resultado de esto, y también las diferencias salariales que aún existen, el Foro Económico Global constató que en 2017, las mexicanas ganaron un promedio de 12 mil dólares al año (228 mil 441 pesos): tan sólo la mitad que los hombres.

Por esta razón el incremento de los precios de la tortilla, de los huevos, y del gas, preocuparía más a las mujeres. Ellas tienen menos acceso a la propiedad, a cuentas de ahorro, y a créditos.

“Las mujeres no tienen ahorros para solventar un aumento tan grande en alimentos. Van a tener que bajar de calidad, o buscar otra forma de mantener a su familia, por ejemplo vendiendo comida, tejidos, o ropa, lo que implica tener una triple jornada laboral,” estimó Maria Luisa González Marín.

Esta semana, dos colegas suyas del Instituto de Investigaciones Económicas reportaron que una persona que percibe un salario mínimo debía trabajar 24 horas y 31 minutos al día para adquirir la canasta básica, mientras que al inicio del sexenio de Peña Nieto, se necesitaban 21 horas y 13 minutos.

Y esta cifra podría empeorar, ya que el precio del gas sigue siendo volátil, y las y los economistas ven como un riesgo al valor del peso las renovadas negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Aunque expertas y expertos estiman que la tasa de inflación volverá a bajar este año, eso no será el caso para la canasta básica, porque México es altamente dependiente de productos importados como el maíz, frijol, y arroz, dijo González Marín, quien advirtió que “eso va ocasionar una miseria mayor.”

18/SG/LGL








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