Presentación

Testimonios y pensamientos sobre la tercera edad Fuente: Revista FEM Año 22 Nº 185 Autora: Elvira Hernández Carvallido 
Sentir miedo porque se llega a la edad madura. Asustarse porque después de ser niña, joven, madre, novia, esposa, mamá, suegra, abuela y viuda… ¿qué seguirá después?. Contemplarse en el espejo y acariciarse las canas, recorrer despacio cada arruga, acariciar los recuerdos….¿cómo era de joven? 
He buscado respuesta en algunas obras literarias de excelentes escritoras que también imaginan o comparten testimonios sobre la tercera edad, la mujer madura o la mujer vieja, un nuevo reto o el último capítulo La decisión es nuestra. 

Ma. Luisa Mendoza Novela De Ausencia 
“El quinto día viajero Ausencia iba a cumplir años. Por más que hizo para no acordarse, la fecha le molestaba en los momentos más lógicos: el reflejo en el espejo, lo que era frecuente puesto que al espejo se asomaban mujeres sin parar aunque sean esperpénticas o echen discursos de liberación o les dé por el vicio de las otras mujeres o finjan que viven prometidas a sus hijos. La mujer viene al mundo para conservar intacto el azogue del yo detrás del cristal, en él se ve, y releé en él su espejo historia, el testigo domable que alcahuetea las interferencias de los defectos o de los resultados de uno mismo verse la cara” (Pág. 19). 

Angelina Núñez-Huberman Cuento: El nido del águila del Torreón de Mixcoac 
“¿Han pasado tantos años? Siento que las cosas se me escapan Que los objetos no me responden. No puedo cortar la manzana. El agua no cae en el vaso La ventana no se cierra. Entra la lluvia en el torreón. 
Todo da vueltas y me siento en el suelo. Me acuesto y me duermo. Otro período sin luz. Ni una imagen. Ni una forma Se que hay otro tercer momento oscuro. Que es el que me aterra porque no sé cuando vendrá. Ese otro tercer momento es la prolongación eterna. La pérdida Y el desasimiento. Pleno vuelo. 
Que no debe preocuparme si el vacío total: al otro lado. Lo malo como siempre, es la transición. El casi. El a punto de. El borde. El filo … 
El nido del águila es mi nido. 
Falta poco. El águila terminará pronto. Se elevará entonces, rumbo al sol, a calentar sus alas, a reflejar los rayos y a alisar sus plumas. Nos iremos juntas. Elevándonos sin esfuerzo. Cada vez más arriba, más arriba. Entre las nubes y la transparencia…” Pág. 99 y 100) 

Aline Petterson Novela Ella misma 
“ Es que el tiempo puede verse de tantas maneras, a veces tengo una idea muy vaga, es algo que jamás le he dicho a nadie y no tengo las palabras. En el día de muertos, por ejemplo, cuando aparecen los esqueletos de azúcar por todas partes, creo ver algo así como mi propia radiografía como si me viera constantemente en un espejo, pienso que los huesos me van creciendo cada momento, desplazando la carne hasta terminar con ella. Cada mañana se extiende un poco más. Todo se reduce a una cuestión de tiempo, del tiempo que va transcurriendo por debajo de la piel. 
Otras veces pienso que es como un polvoroso museo lleno de cosas importantes, que acaban por olvidarse. Hasta que se vuelve un día y vuelve uno a sorprenderse como cuando se escucha una canción vieja…Pero la muerte espera al final; no hay por qué extrañarse, como si en verdad fuera una sorpresa. La primera o segunda vez que se encuentra uno con ella causa asombro, un desconcierto que el tiempo suaviza” (Pág. 78) 

Paula Amor Poniatowka Autobiografía: No me olvides 
“Si, lamento no haber aprendido algo a fondo: historia, antropología, literatura, a hacer una buena omelette a la francesa como las que le gustan a tu papá. Lo único que hago bien es manejar. 
Reconozco haber tenido momentos de exaltación, no de histeria. Hundida en un sueño profundo, la luz me despertó. No comprendí de inmediato, pero la palabra sí, es decir, ese sentimiento interno de una comunicación divina… 
Tal vez todo esto pueda parecerte extraño. Para mí lo fue y sigue siéndolo. Lo único que se afirmó fue mi propia persona: Yo era un ser más bien flotante, borroso y me volví alguien preciso. Desde entonces tengo certidumbres…” (Pág. 300) 

Graciela Hierro Ensayo: De la domesticación a la educación de las mexicanas 
“No puede darse el salto sin más de la joven mujer a la mujer madura, sin un proyecto de vida propio en cuanto al desempeño del trabajo, o al ejercicio de una profesión que permita la satisfacción de las necesidades económicas, afectivas, creativas y de contribución social, y también, la función maternal. Todo lo cual no se mide en preocupaciones económicas o de la influencia política o social. Los parámetros de la madurez son personales, una se mide consigo misma. También con las mujeres que uno admira. Lo económico, el prestigio y aprecio profesional, así como la contribución social- de cada una- son relativos a la persona misma y a su entorno. 
La entrada a la madurez activa de las mujeres es la época de mayor productividad –femenina y masculina- que puede y debe culminar en una ancianidad realizada. Se ha de estar atenta al riesgo de que la jubilación temprana no anule la rica experiencia almacenada de toda una vida. La jubilación tiene sentido cuando se visualiza otro tipo de trabajo creador, que por alguna circunstancia no ha podido ser realizado plenamente. Cada vejez es el resultado final de una vida, que si es de gran productividad y experiencia, hará la vejez más rica, eliminando la visión de la vieja arrinconada por su familia, comodín de la nada. Se levanta la imagen de la mujer que trabaja para sí y para el mejoramiento social, aquella mujer es la que nunca está sola” (Pág. 106) 
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