Presentación
MUJERES INDÍGENAS, EL RIESGO DE SER MADRES 
Este año se conmemora el 20° aniversario de la Iniciativa para la Maternidad sin Riesgo. Cuando ésta se lanzó en 1987, las muertes causadas por las complicaciones del embarazo y el parto eran un problema poco conocido y bastante ignorado.
Veinte años más tarde, la prevención de estas muertes se convirtió en prioridad internacional y muchos países han hecho un significativo progreso en la expansión y mejoramiento de los servicios de salud materna. 
Las complicaciones del embarazo y el parto son las principales causas de incapacidad y muerte entre las mujeres de 15 a 49 años de edad en los países en desarrollo. Y si toda mujer está expuesta a los riesgos que implica el embarazo, en las madres indígenas la situación se agrava. 
Mientras que en el nivel nacional la tasa de mortalidad materna es de 51 por cada 100 mil nacidos vivos, en las zonas indígenas de Guerrero, por ejemplo, alcanza a 283 muertes por cada 100 mil nacidos vivos. 
Las autoridades sanitarias, junto con un grupo de investigadoras y activistas indígenas sostienen que lo que falta es presupuesto público que muestre voluntad política. 
La investigadora Aleyda Aguirre señala que alrededor de mil 300 mujeres, sobre todo rurales e indígenas, fallecen cada año en México por causas relacionadas con la maternidad. 
"Por cada muerte materna, hay cerca de 30 mujeres que se salvan, pero quedan con lesiones irreversibles en su salud. Este tipo de muerte es "prematura e injustificada": en el país la mayor parte de las que pierden la vida tienen entre 35 y 39 años, cuando en países desarrollados casi nadie muere por ser madre." 
"La mayoría de estas muertes se presenta entre el trabajo de parto y las 24 horas posteriores. También fallecen en otros momentos: durante el aborto, hemorragia del embarazo y del parto, toxemia y complicaciones del puerperio, describe el documento." 
En la investigación, “Doscientas trece voces contra la muerte, mortalidad materna en las zonas indígenas”, elaborada por la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CNMI) y la organización Kinal Antzetik, se determina implacablemente que cuando una mujer muere en su intento por ser madre se han conjugado factores sociales, económicos, culturales y biológicos. 
Las ideas sobre la maternidad, embarazo y parto de cada grupo social; las relaciones y estructuras familiares; la posición de las mujeres en la familia, en la comunidad y ante las instituciones públicas; los recursos económicos; la distribución de los bienes y de las decisiones, así como los servicios de salud y públicos de las comunidades, juegan un papel clave en la preservación de la vida o la muerte de la madre. 
El promedio nacional de vida de las mexicanas es de 78 años, pero entre las mujeres indígenas éste se reduce a 69 años. 40 por ciento de ellas, cuando se embarazan y en periodo de lactancia, presentan anemia y desnutrición, lo cual aumenta las probabilidad de complicaciones durante el embarazo y el parto, los alumbramientos prematuros y el bajo peso en los recién nacidos. Su tasa de muerte materna triplica a la media nacional. 
Las mujeres indígena que han aportado testimonio de su situación cuentan que durante el embarazo, el parto o el puerperio han vivido dolencias, riesgos, enfermedades, carencias y dificultades. En algunos casos esto las lleva a la muerte. 
Reportaron discriminación en las clínicas de salud, donde han sido maltratadas; presiones de personal del programa Oportunidades para que adopten un método anticonceptivo y se hagan el Papanicolau sin su consentimiento; la imposición de los maridos o la presión de curas y vecinos para que tengan hijos sin su voluntad. Con todo ello, concluyeron, se violan sus derechos reproductivos.
En América Latina 
En toda América Latina y el Caribe, como en la mayor parte del mundo, el acceso a los servicios de salud para las mujeres, niñas y niños es muchas veces limitado, como consecuencia de la desigualdad de género, la violencia política, el racismo y las injusticias económicas, asegura la organización MADRE Reclamando por los Derechos Humanos de las mujeres y sus familias en todo el mundo. 
En Guatemala, las mujeres y niñas indígenas se encuentran entre las más afectadas por la situación de pobreza, el analfabetismo y la falta de servicios de salud, lo que representa el legado de 35 años de conflicto armado en Guatemala. El índice de mortalidad materna entre las mujeres indígenas es 83% más alto que entre las mujeres no indígenas. Y con sólo un doctor por cada 10 mil personas en zonas rurales, la mayoría de las mujeres y niñas ni siquiera pueden acceder a tener una consulta médica por año. 
En la Costa Atlántico Norte de Nicaragua, hogar de la mayoría de los Pueblos Indígenas y Comunidades Afrodescendientes, casi las tres cuartas partes de la población sufre de desnutrición y el alto índice de mortalidad materna (124 muertes por cada 100 mil nacimientos) representa el doble del promedio nacional. 
En Perú, los Pueblos Indígenas sufren una severa marginalización económica, social y cultural que impone serias amenazas a la salud de las mujeres. En la Provincia de Ayacucho, los servicios básicos de salud son extremadamente escasos: por cada 100 mil personas hay 2 enfermeras, 1 doctor y 8 camas de hospitales. La tasa de mortalidad materna amenaza a 185 muertes por cada 100 mil nacimientos y 5 mujeres mueren diariamente debido a complicaciones relacionadas con el embarazo. 
En Colombia, las mujeres, niñas y niños Afrocolombianos son afectados desproporcionadamente por el conflicto armado que vive el país y no poseen acceso a los servicios de salud. En las zonas donde existen estos servicios, las provisiones médicas son inadecuadas y el personal cumple con largas jornadas de trabajo. 
Cuba cuenta con un excelente sistema de salud pública que sirve de ejemplo en todo el mundo, pero el embargo impuesto por los Estados Unidos impide la entrada al país de medicamentos y tecnologías necesarias, con lo que se niega a las y los pacientes el acceso al 80% de las drogas farmacéuticas del mundo. |