En el municipio
de más bajo índice de desarrollo humano por
género
La tenebrosa
desigualdad en la desigualdad
Miriam Ruiz* Cimac
| México, DF
Las
condiciones de las mujeres del municipio de Santiago del
Pinar, Chiapas, solamente pueden ser comparadas a las de
Pakistán, aunque las que viven en Benito Juárez
sean como sus congéneres en la Gran Bretaña.
Santiago
del Pinar, joven municipio producto de la remunicipalización
oficial tras el levantamiento zapatista, está situado
al norte de Chiapas, juntito a San Andrés Larráinzar,
también con población tzotzil, y ocupa el
último lugar en un diagnóstico que presentará
la próxima semana el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) con los indicadores de Desarrollo
Humano y Género en México, un mapa de la inequidad
de las mexicanas por municipio.
“Por
nacer en Chiapas tienes acceso a oportunidades, en principio
menores que en otra región, pero además, si
naces en Chiapas y eres mujer, tienes una reducción
aún una mayor en estas oportunidades”, sentencia
Luis Felipe López Calva, director de la Oficina del
Informe Nacional sobre Desarrollo Humano en el PNUD.
El
autor de todos los índices nacionales de desarrollo
humano va más allá: “Vimos que la desigualdad
intraestatal es dos veces mayor que la desigualdad interestatal”
cuando presentaron en el 2005 el Indice de Desarrollo Humano
Municipal en México.
Pero
faltaba evidenciar que la desigualdad entre hombres y mujeres
puede ser brutal, por lo que el PNUD México, con
la colaboración de su asesora en género, Itzá
Castañeda Camey, trajo a la luz, para los municipios,
este índice integrado por medidores como la esperanza
de vida al nacer, los niveles educativos y el ingreso económico.
“Santiago del Pinar, en Chiapas, es el municipio de
más bajo índice de desarrollo humano relativo
al género. Si naces en ese lugar y eres mujer tienes
50 por ciento menos de logro promedio respecto a los hombres,”
dice el doctor en economía en entrevista exclusiva.
“Si eso no llama la atención para que la política
pública haga algo, no sabemos qué hacer. Es
realmente alarmante”.
“Es
la doble desventaja, lo cual llama, primero, a políticas
de desarrollo regional; pero lo otro es que llama a políticas
explícitas --a través de política pública
y cambio institucional-- que permitan incorporar a las mujeres
a las oportunidades”, recalca.
Itzá
Castañeda celebra que “por primera vez tendremos
un mapeo de esta desigualdad de género a un nivel
fino, a un nivel de municipios”, para desarrollar
políticas dirigidas hacia las mujeres.
Pero
Castañeda, anteriormente especialista en género
y desarrollo sustentable en organizaciones feministas, es
cuidadosa a la hora de considerar este diagnóstico
una “boleta de calificaciones”, porque “no
es una evaluación de las políticas, sino un
insumo para las políticas”, y enfatiza que
no se puede hacer una lectura lineal de las desigualdades,
sino del cruce entre éstas con datos que algunos
municipios solamente tienen desde hace un año.
QUITAR EL VELO
“Los
promedios nacionales esconden más que lo que revelan”,
insiste también en entrevista Thierry Lemaresquier,
máxima autoridad del PNUD en México, al hablar
sobre este primer acercamiento regional a la inequidad entre
hombres y mujeres. “Los promedios nacionales, que
pueden ser alentadores, cuando se desagregan muestran otra
realidad.”
En
el índice mundial relativo al género, México
ocupa el lugar 50 de 173 países. Es un país
en el que el promedio nacional es relativamente alto. La
tendencia general en el país es una reducción
de la brecha entre índice de desarrollo humano e
índice relativo al género, pero se avanza
muy lentamente, abunda López Cava. “Las brechas
entre regiones y entre hombres y mujeres son alarmantes.”
Los
datos son consistentes en la tendencia de índices
bajos, pero no idénticos. Santiago del Pinar, por
su índice de género, “pierde más
que Metlatonoc”, considerado el peor municipio en
la presentación del año pasado. Pero se mantiene
el patrón de que estados con grandes desigualdades
de desarrollo --como Veracruz, Puebla, Oaxaca o Chiapas--
presentarán enormes brechas en sus índices
de género.
“No
es que México no esté bien encaminado en la
mayoría de las estrategias”, dice el representante
residente Lemaresquier; sin embargo, “hay niveles
de desigualdad que frenan un patrón de país
armónico.”
Y
agrega: “Si bien varios países de la región,
incluyendo México, en los últimos 10 o 15
años se han focalizado más, han dedicado más
recursos a la lucha contra la pobreza, va a ser muy difícil
que logremos muchos más avances en la región
en la lucha contra la pobreza sin enfrentar el tema de la
desigualdad”.
Por la consistencia de los datos que revela el nuevo informe
en cuanto a las consecuencias de las distintas desigualdades,
Lemaresquier recuerda una vieja propuesta de Naciones Unidas:
“cuando ganan las mujeres gana toda la sociedad”.
Este
inquietante mapa de las desigualdades se presentará
el próximo miércoles 14 de junio a las 10
horas en el Centro de Información de las Naciones
Unidas en México.
Las
que tienen que pedir permiso
Entre
las cosas que hermanan a las tzotziles de Santiago el Pinar,
Chiapas y a las mujeres de Pakistán se hallan la
baja esperanza de vida al nacer, la falta de posibilidades
de llegar y permanecer en un aula, así como la posibilidad
de obtener ingresos que sean propios. Seguramente también
las une la necesidad de pedir permiso siempre a un varón.
Son las que no pueden salir de noche o a trabajar, como
relata Sandra de los Santos, colaboradora del suplemento
cultural Paralelo 16 de El Heraldo de Chiapas. Si son artesanas,
los comerciantes son varones. Los hombres de la comunidad
“son los que dan el permiso”.
06/MR/LR

|