OPINIÓN
¿Cuántas
más?
Cecilia
Lavalle Cimac | México, DF
¿Cuántas
mujeres más tienen que morir en Ciudad Juárez?
Esta pregunta se leía en una de las pancartas que
algunas mujeres portaban en la sede de la ONU en nuestro
país, durante un mitin de protesta que se realizó.
¿Cuántas más?
Es
más, evidentemente, que una simple pregunta. Es un
grito, es un reclamo, es una bofetada. Y debería
doler tanto cuanto más se considere que debe propinarse
con eco internacional porque de lo contrario no será
escuchada.
A
las mujeres no nos extraña eso. De hecho, si no hubiera
sido por el escándalo internacional que han hecho
diversas organizaciones de mujeres, en México seguirían
haciendo de cuenta que no existe el caso de las Asesinadas
de Juárez.
Y
a propósito digo ASESINADAS porque las mujeres de
quienes hablamos no se murieron solitas: Las mataron. Las
violaron, las golpearon, en varios casos las torturaron
y luego las asesinaron.
El
asunto es tan grave que dio lugar a que la antropóloga
Marcela Lagarde, actualmente diputada federal y presidenta
de la Comisión especial para conocer y dar seguimiento
al feminicidio en el país, incorporara una nueva
palabra a nuestro diccionario: feminicidio.
Feminicidio
es el conjunto de hechos de lesa humanidad que contienen
los crímenes y las desapariciones de mujeres. Es
el genocidio contra las mujeres, y sucede cuando las condiciones
históricas generan prácticas sociales que
permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades
y la vida de las mujeres”. Y ya sólo que tengamos
que acuñar una palabra para ese horror debería
vivirse como una tragedia.
Pero
no. En mi país no es una tragedia que a una mujer
la golpeen, la violen o la asesinen. Eso es apenas una anécdota
que a lo mucho se publica en la nota roja de los periódicos
y casi siempre con alguna velada disculpa para el agresor.
En mi país dos, diez, noventa mujeres asesinadas
en una sola ciudad, no es una tragedia.
Cuando
Francisco Barrio Terrazas fue gobernador Chihuahua (1992-1998),
de acuerdo con organizaciones civiles murieron asesinadas
más de 100 mujeres. Y las veces que reclamaron atención
y justicia y protección, Barrio dijo cosas como:
“es una cifra normal” o dijo que se trataba
de mujeres “que salían a bailar con muchos
hombres”.
Hoy
ese hombre quiere ser el candidato del partido Acción
Nacional a la presidencia de la República. Y eso
tampoco es considerado una tragedia.
No.
En mi país no es una tragedia que las mujeres sean
asesinadas por cientos, ni que nos sintamos inseguras, agraviadas,
olvidadas, abandonadas o agredidas por el Estado.
No.
No es una tragedia. Es, eso sí, un escándalo.
Y lo es porque muchas mujeres han gritado desde hace diez
años lo que está sucediendo en Ciudades Juárez.
Y lo es porque muchas otras mujeres hemos gritado a los
cuatro vientos nuestro escándalo por la omisión,
la impunidad, la indolencia.
Y
lo es, porque hemos encontrado en distintos medios de comunicación
nacionales e internacionales hombres y mujeres que igualmente
se han escandalizado y han sido solidarios al repetir como
el eco los gritos de “Ni una muerta más”.
Y
lo es porque organismos nacionales internacionales comprometidos
en la defensa de los derechos humanos han gritado al mundo
su mayúsculo escándalo por lo que sucede en
México.
Y
lo es porque la sociedad toda se siente agraviada por un
Estado que no garantiza un mínimo de seguridad para
nadie.
Pero tragedia no es. No lo es al menos para las autoridades.
Discursos
van, discursos vienen. Poses de indignación que ni
conmueven ni convencen. Acciones, estrategias, líneas
de investigación que no arrojan nada sino más
desesperación, desaliento, desconfianza, decepción.
La
tragedia es para las mujeres. Tragedia es que sepamos que,
estemos donde estemos, corremos peligro por el hecho de
ser mujeres. Tragedia es que no se haya hecho lo necesario
para que no se asesinen más mujeres en nuestro país.
Tragedia
es que tengamos que educar a nuestras hijas con menos libertad
para intentar protegerles la vida. Tragedia es la falta
de voluntad o incapacidad de autoridades estatales y federales
para garantizar el derecho a la vida y a la libertad de
las mujeres y niñas. Tragedia es que en la sede de
la ONU sigan preguntando ¿Cuántas mujeres
más tienen que morir en Ciudad Juárez? Tragedia
es que el gobierno no tenga la respuesta a esa pregunta.
Apreciaría
sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com
2005/CL/SJ
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