El papel de las mujeres guatemaltecas se
encuentra en un periodo de constante desafío, en el que tienen que mantener
derechos ya ganados y alcanzar mejores condiciones para la población indígena.
A lo largo de la historia se ha comprobado que un país puede alejarse de los
parámetros mínimos deseables de desarrollo y de respeto a los derechos
humanos, si aumenta sus niveles de pobreza, violencia e impunidad de género;
y disminuye los cargos de representación pública femenina.
Asimismo, el desarrollo jamás se alcanzará si se tolera la discriminación a
las mujeres indígenas; y no se elaboran legislaciones y políticas que normen
los derechos para favorecer a las mujeres.
Todo lo anterior de acuerdo con el reporte "Los desafíos para la
participación de las mujeres guatemaltecas", de la Misión de Verificación
de
Naciones Unidas en Guatemala (Minugua).
La discriminación y violencia que afecta tanto a mujeres, menores, y pueblos
indígenas, se remonta a los 36 años de conflicto armado que padeció
Guatemala. Un proceso que finalizó con la firma de los Acuerdos de Paz Firme
y Duradera, el 29 de diciembre de 1996 entre el gobierno y la Unidad
Revolucionaria Nacional Guatemalteca.
En dicho acuerdo, se estableció la necesaria evaluación de la participación
y los aportes de las mujeres en la construcción democrática de su país, así
como el ejercicio pleno de sus derechos cívicos y políticos, estableciendo
medidas para garantizar el derecho de organización y participación en
igualdad de condiciones con los hombres, dentro del proceso de
fortalecimiento de la sociedad civil.
Sin embargo, el retorno de políticas de seguridad nacional y de
representantes del Estado autoritario al espacio de los poderes ejecutivo y
legislativo, cierran las posibilidades y los espacios reales construidos por
las mujeres y el movimiento social, en sus esfuerzos por crear democracias
respetuosas de la dignidad humana.
Aunque las guatemaltecas obtuvieron el derecho al voto en 1945, predomina la
falta de documentación oficial primaria, especialmente en las mujeres
indígenas; la discriminación que obstaculiza su obtención y que impiden el
reconocimiento de la existencia jurídica de las mujeres, y la cultura
excluyente (patriarcal) debido a una visión limitada de la ciudadanía.
Según datos del Informe de Desarrollo Humano 2000 de la ONU, del total de
los seis millones de mujeres, 59 por ciento habita en zonas rurales y 48
por ciento es indígena. De igual manera, 20 por ciento de los hogares del
país está a cargo de mujeres.
De esta manera, el Indice de Potenciación de Género presentado en dicho
informe muestra que el avance de la posición de las mujeres en la sociedad
en comparación con los hombres es de 0.46 por ciento, colocando a Guatemala
en el puesto 49 de un total de 70 países, y en el último lugar (al igual que
Honduras) a nivel centroamericano.
Un aspecto interesante de las pasadas elecciones en 1999, es la todavía
escasa presencia de candidatas para cargos de elección: sólo existieron dos
candidatas a la presidencia del país (9 por ciento), que compitieron con 20
candidatos hombres.
De los 960 candidatos para diputados, sólo 133 (menos del 14 por ciento)
eran mujeres, que corresponde al 16 por ciento de la lista nacional y el 14
por ciento en las distritales.
Paralelamente, hay una subrepresentación de las mujeres en el ejercicio del
poder civil. Las mujeres sólo ocupan un ministerio, dos secretarías de la
Presidencia, 13 de las 113 curules del Congreso de la República, 3 de las
331 alcaldías y 7 de los 22 cargos para la Gobernación Departamental.
Es precisamente en la política formal donde se registra la menor
participación en cargos representativos en el ámbito local. Según la
Asociación Guatemalteca de Alcaldes y Autoridades Indígenas, del total de 3
mil 300 cargos en las Corporaciones Municipales de todo el país, sólo 140
(4.2 por ciento) están ocupados por mujeres, de las cuales 43 (30.7 por
ciento) son indígenas.
Como consecuencia de la ardua labor de los grupos y redes de mujeres,
destacan logros como la creación de la Defensoría de la Mujer Indígena, el
proceso del Foro Nacional de la Mujer, y la creación de la Secretaría
Presidencial de la Mujer.
Asimismo se consiguió la instalación de la Coordinadora Nacional para la
Prevención de la Violencia Intrafamiliar y en Contra de la Mujer, y la
formulación de la Política Nacional de Promoción y Desarrollo de las Mujeres
Guatemaltecas, y el Plan de Equidad de Oportunidades 2001-2006.