NACIONAL
100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán
   En Congreso Feminista de 1916 destacó por su pasión docente
Consuelo Zavala, la gran formadora de maestras rurales
Placa de honor para Consuelo Zavala Castillo al interior de la escuela que lleva su nombre | Foto: Pía Gómez García
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.- 21/01/2016 La organización del Primer Congreso Feminista de 1916, en esta capital del estado de Yucatán, corrió a cargo de Consuelo Zavala Castillo, una mujer de cuya vida privada se sabe poco, pero que su trayectoria política y profesional trascendió porque no sólo luchó por el derecho a la educación de las niñas, sino que se convirtió en “la gran formadora de maestras rurales”.
 
De acuerdo con los reportes del Diario Oficial de Yucatán de enero de 1916, la entonces maestra Consuelo Zavala fungió como presidenta del comité organizador del Primer Congreso Feminista en Yucatán, durante el que se discutieron los derechos de las mujeres que se habrían de reconocer un año después en la Constitución mexicana y en las normas civiles del estado.
 
Hoy, a 100 años de distancia de ese magno evento feminista, una escuela primaria mixta en Mérida lleva el nombre de Consuelo Zavala, así como una sala del Poder Legislativo del estado.
 
Durante las jornadas conmemorativas por el primer siglo del Congreso Feminista, realizadas del 13 al 16 de enero en esta ciudad, Pía Gómez García –que representa la tercera generación de herederas del legado de Consuelo Zavala y es una estudiosa de su trayectoria profesional– conversó con Cimacnoticias sobre los hallazgos que ha tenido hasta ahora sobre la vida de esta prócer.
 
Pía Gómez, directora de la preparatoria Gonzalo Cámara Zavala, relató que Consuelo fue estudiante del Instituto Literario de Niñas, en la que la también pionera feminista Rita Cetina sembró la semilla de la educación entre las mujeres de la época porfirista. 
 
“Todas las maestras que pisaron el Instituto Literario de Niñas fueron transformadas por Rita Cetina”, destacó Pía, quien también relató que Consuelo Zavala nunca se casó y dedicó su vida a consolidar un nuevo proyecto educativo para la región.
 
Cuando tenía poco más de 20 años de edad, Zavala fue convocada por el Instituto Literario de Niñas para impartir las cátedras de Gramática Superior, Retórica y Etimología del Lenguaje, materias que hasta entonces estaban a cargo de la misma Rita Cetina.
 
En 1905, Zavala cumplió su proyecto personal con la primera escuela laica de entonces, llamada Escuela Elemental de Señoritas, misma que hoy dirige Luisa García Ancona –madre de Pía–, quien a su vez es heredera de la segunda directora del colegio, la profesora Delfina Ancona Cámara, la más allegada a Consuelo Zavala.
 
En 1910 y luego en 1911, con la aprobación de José María Pino Suárez como gobernador de Yucatán y con Francisco I. Madero como presidente de México, la Liga de Acción Social –en la que participaba Consuelo– consolida la formación de Escuelas Normales Rurales, que aún con el impedimento de los gobiernos anteriores ya tenían planteles en 17 haciendas.
 
En este proyecto, Consuelo estuvo a cargo de la formación de las maestras que impartirían clases en las escuelas rurales. “Ella fue realmente una gran formadora de maestras que impartían clases en las haciendas”, observó Pía.
 
Con este argumento, Gómez García criticó que en todo lo que se ha hablado sobre el Primer Congreso Feminista se diga que no se tomó en cuenta a las mujeres del campo, ya que nadie habla de que había maestras que se habían formado para enseñar a las que eran campesinas.
 
Con la llegada del socialista Salvador Alvarado al frente del gobierno de Yucatán –poco antes del Primer Congreso Feminista que se llevó a cabo con su aval–, se cerraron muchas escuelas privadas, pero se respetó a la Escuela Elemental de Señoritas de Zavala. Desde entonces, Consuelo se unió a actividades del gobierno de Alvarado.
 
Pía Gómez sostuvo que hay una cita de Alvarado que reza así: “El pensamiento liberal de Consuelo Zavala era rosa pálido junto al rojo que ellos (los varones socialistas en el poder) representaban”. Pese a esa consideración, el entonces gobernador yucateco sumó a la maestra como una especie de brazo político.
 
De la participación de Consuelo en el Primer Congreso Feminista de 1916 –acotó Pía– se sabe mucho de su postura moderada, y se piensa que “las moderadas” frenaron muchas cosas de las que se proponían.
 
Sin embargo, “Consuelo –entonces de 31 años de edad– era cauta, educada, no estaba en contra pero sentía, como buena maestra que era, que todavía las mujeres debían prepararse más; ella le apostaba muchísimo más a la instrucción.
 
“A lo mejor se vio conservadora en cuanto a la sexualidad y el voto, pero su mayor mérito es esta provocación a que las mujeres se siguieran formando, se siguieran instruyendo formalmente”, puntualizó su biógrafa, quien resguarda con recelo archivos oficiales de la época de Consuelo como oficios en los que se le nombra como emisaria para actividades en otras partes del país.
 
Entre lo más valiosos documentos sobre Consuelo, destacan los oficios de cuando Pino Suárez la nombra para dar el curso de maestra en las escuelas rurales, o cuando Madero le otorga una beca para estudiar temas educativos en Europa.
 
De sus documentos personales, reminiscencias más íntimas, sólo se resguardan algunas fotos de ella con sus alumnas, quienes en 1933 le hicieron un álbum, y en otra época incluso le compraron una casa en el centro de Mérida, donde pasó los días finales de su vida. Consuelo murió en 1956.
 
“El caso de la profesora Zavala es representativo (…) por tener a su cargo un proyecto personal con el que estudió, aplicó y evaluó los modelos que por entonces daban forma a los planes institucionales. La maestra Zavala fue una participante activa y destacada de procesos políticos y pedagógicos, que sirvieron para moldear las relaciones futuras entre las instituciones educativas y el Estado”, según una monografía elaborada por Pía.
 
Luego de contar parte de este legado, Gómez García aseguró que “el motor” de Zavala estaba en su familia, que pese a que eran hacendados, mantenían ideas liberales.
 
Su padre, Francisco Zavala, fue regidor y presidente municipal; amante del espectáculo teatral, compró el teatro al que posteriormente dio el nombre del dramaturgo yucateco José Peón Contreras, el mismo gran recinto de luces destellantes y palcos altos, donde Consuelo –felicitada por su liderazgo y excelente retórica– habría de hacer historia para las mujeres, por quienes sería recordada incluso un siglo después.
 
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