El Mundial, mal globalizado

OPINIÓN
   QUINTO PODER
El Mundial, mal globalizado
Imagen retomada de radioeltrebol.com.ar
Por: Argentina Casanova*
Cimacnoticias | Campeche.- 24/06/2014

No, no es una redundancia. La globalización que advirtiera Marshall McLuhan hoy tiene características de pandemia en todos los sentidos, ya no sólo es el acto comunicativo del mensaje, sino de realidades o irrealidades que terminan siendo el mensaje que lo mismo se oculta, se disfraza o se pretende normalizar, como se ha hecho con la violencia, la pobreza, la explotación y el calentamiento global (mercadológicamente llamado “cambio climático”).
 
Eufemismos de hechos inocultables cuyas condiciones nos alcanzan. En medio de esa globalización hasta las cosas positivas, como el deporte, alcanzó un precio y se han vendido y contribuyen de una u otra forma a un mercado global de enajenación y de trivialización… como ocurre con el futbol.
 
Más allá de asumir una postura de rechazo absoluto y descalificación como argumentó Jorge Luis Borges, pero tampoco con el discurso de Eduardo Galeano, harto difundidos en las redes sociales, sin duda el futbol es algo más que un deporte en estos tiempos.
 
En revistas impresas se señala que hoy como nunca el futbol ha cobrado una afición y audiencias, un público mundial para un deporte que cada vez se vuelve más “global”.
 
Y es en  medio de esa efervescencia que nos damos cuenta que pasaremos a la historia como la generación que miraba la televisión mientras un pueblo era reprimido afuera de los estadios... como alguna vez ocurrió en otros hechos que hoy avergüenzan a la humanidad.
 
Aunque eran otras cosas las que distraían. Basta recordar esas notas de las clases de Historia de las sociedades que con su silencio cómplice permitieron la desaparición de personas a manos de las dictaduras, de esos pueblos que denunciaban a una etnia o grupo para ser enviados al patíbulo…
 
Hoy ni siquiera necesitan que tengamos una acción, sólo nos piden la indiferencia, plantarnos frente a una pantalla y olvidarnos de todo lo demás.
 
A los aficionados les ofende que nos disguste la enajenación por el futbol, nos llaman intolerantes, y la realidad es que el futbol como deporte es lindo, pero como negocio es un cochinero, como razón de nacionalismos absurdos patrioteros peor, como alienante una joda, pero más triste es que un país esté en protesta con calles llenas de personas que demandan servicios y todas y todos prefirieron mejor pensar en el milagro económico de Brasil y olvidarse que como en Inglaterra, un día los pobres salieron a la calle y mostraron el mundo real en todas partes: la desigualdad.
 
El futbol en las calles, como cascarita callejera, como un encuentro amistoso es lindo, pero el negocio de la FIFA es mercadotecnia pura y además misógina.
 
Es difícil sustraernos a la “fiebre del Mundial”: las calles llenas de gente mirando el partido, gritando, estremeciéndose, sonriendo, acunando una esperanza de un triunfo de la Selección, ¿de un triunfo para el país?
 
Y bajo esa idea es que las personas viven la ilusión de que algo bueno sucede si los jugadores anotan un gol o un portero ataja un gol.
 
Vivimos en un sistema de símbolos y valores construidos mediáticamente en los que el deporte se ha convertido en una forma de “batalla sin armas”, en las que un país puede sentir por un momento que vence al poderoso en la cancha… al menos eso han creído los países latinoamericanos cuando se enfrenten a los poderosos del G-8.
 
No es un rechazo al deporte; los fanáticos tienen que admitir que el Mundial dejó hace mucho tiempo de tratarse de una cuestión deportiva.
 
Cuando asesinaron a un jugador colombiano hace algunos años, cuando los futbolistas se convirtieron en máquinas de dinero para las marcas. No dudo que el sueño de los jugadores sea auténtico en alguna medida, que tengan esperanzas de representar a su país, de entrar a la cancha sabiendo que hay una nación entera mirándolos por la pantalla.
 
Pero acaso podemos detenernos a pensar, a escribir, a reflexionar un poco sobre cómo pasaremos a la historia frente a los hechos que hoy se ocultan de los medios de comunicación por las protestas en Brasil, los presumibles asesinatos y desapariciones de personas en zonas marginadas, de las millonarias inversiones en estadios y no en obras, la opción es buscar información diferente, de las violaciones a los derechos de los pueblos indios y de las ganancias insultantes de la FIFA a costa de la pobreza de otros.
 
*Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
 
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