Conflicto armado en Colombia impidió “pensarnos fuera de la guerra”

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   Iglesias evangélicas y cristianas, fundamentales para el NO a la paz
Conflicto armado en Colombia impidió “pensarnos fuera de la guerra”
Alejandra Londoño es integrante del Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feministas | Foto: retomada del sitio glefas.org
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 16/11/2016

Han pasado 46 días desde aquél domingo 2 de octubre cuando 50.21 por ciento de la población colombiana votó en contra de un acuerdo de paz negociado desde meses atrás por el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua y numerosa del país caribeño.
 
Al respecto, la historiadora, activista y educadora popular feminista, Alejandra Londoño Bustamante, -quien trabaja directamente con víctimas mujeres de este conflicto- platicó con Cimacnoticias sobre el histórico proceso de paz que actualmente se formula en su país tras más de 50 años de conflicto armado.
 
Alejandra Londoño es integrante del Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feministas (Glefas). Tiene una maestría en estudios de género y un posgrado en historia por la Universidad Nacional de Colombia. Sus líneas de investigación son estudios culturales, memoria, historia de las mujeres, género, decolonialidad, y pedagogía y memoria.
 
LA PAZ ES MÁS QUE SILENCIAR LOS FUSILES
 
De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia -donde trabaja Alejandra Londoño- de 1958 a 2012 el contexto de guerra causó la muerte de 218 mil 94 personas, pero se desconoce cuántas son mujeres. Se sabe que al menos 81 por ciento de las víctimas eran civiles y que mil 754 personas fueron víctimas de violencia sexual.
 
-Angélica Jocelyn Soto Espinosa (AJSE): ¿Cuál es el contexto particular de la guerra en Colombia?
 
-Alejandra Londoño Bustamante (ALB): Colombia es un país con una presencia de grupos armados muy fuerte que data de unos 56 años. Uno de los grupos armados es la guerrilla de las FARC que es con quien en este momento se está negociando, pero hay otras.
 
“Las guerrillas en concreto de las FARC son grupos alzados en armas con una ideología de izquierda, campesina, no de académicos o intelectuales. Se trata de personas mestizas, afrodescendientes, hombres, y de un porcentaje importante de mujeres. También hay comunidades vinculadas. La guerrilla tiene presencia muy fuerte en las zonas rurales con mucha fuerza militar y de oposición a las élites y el gobierno.
 
“A finales de los 90 y la primera década del 2000 otro grupo armado tomó mucha fuerza: el paramilitarismo. Está organizado en una estructura muy amplia. Es una fuerza contrainsurgente creada por el Estado colombiano para combatir la guerrilla y todas las expresiones de izquierda.
 
“Una de las características es que el paramilitarismo no entró en confrontación armada directa con las guerrillas, sino que atacó a la población civil bajo el argumento de que son las bases sociales de la guerrilla. Generó masacres.
 
“En esta confrontación está en medio la población civil, las mujeres, niñas y niños, y población LGBTTTI que han vivido unas vulneraciones específicas desde la condición que le otorga el patriarcado y que genera una serie de opresiones y violencias que en el contexto de conflicto armado se estrechan más.
 
“Por ejemplo, el paramilitarismo utilizó la violencia sexual como estrategia de guerra para desplazar a una comunidad entera. Con la población LGBTTTI hubo ‘violaciones correctivas’, y todos los panfletos que distribuían los grupos paramilitares contenían amenazas principalmente dirigidas a estos grupos. Lo que hace el paramilitarismo es poner los discursos morales y de odio que ya están en la sociedad y exacerbarlos con las armas.
 
“En el caso de la guerrilla de las FARC está en los estatutos que si un guerrillero viola a una mujer puede ser fusilado. Eso no hace que la guerrilla esté exenta de violaciones. Hay casos de violaciones de mujeres indígenas, de campesinas. Con este acuerdo de paz se espera un proceso de esclarecimiento también de la violencia sexual.”
 
-AJSE: ¿Cuáles han sido para las colombianas las consecuencias a largo plazo de vivir en un contexto de guerra?
 
-ALB: Una de las principales afectaciones que nos ha generado este conflicto es la imposibilidad de pensarnos fuera de la guerra, y creo que los resultados del plebiscito muestran eso. Después de más de 50 años de guerra esto se naturaliza. Somos generaciones que no conocemos otro contexto por fuera de la guerra.
 
“Esto marca unas formas de hacer políticas que no sólo tiene que ver con tomar las armas, sino que tiene que ver con la eliminación sistemática de las izquierdas y la propagación de los discursos de odio. La división. (El conflicto armado) también dejó la sospecha permanente sobre si haces parte de una estructura armada, lo que no ha permitido que avancemos como movimiento social y de izquierda.
 
“Hay un proceso de estigmatización muy fuerte contra las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes en determinados territorios. Por ejemplo, si la guerrilla ha operado en un departamento (municipio) específico viene la asociación de que toda la comunidad es guerrillera o paramilitar. Estamos en un nivel de polarización que no nos permite ver otros matices. Sólo está la posibilidad del rojo o el blanco absoluto.
 
“También hay efectos culturales por vivir en un territorio en guerra militarizado. ¿Qué implica que hayas aprendido históricamente que el cuidado te lo brinda un actor armado? Eso le dio mucho poder al militarismo: si yo tengo un problema con mi vecino, no lo arreglo directamente con él, sino que llamo al armado para que lo resuelva. Las armas mediando las relaciones. Lo cultural va a ser lo más complicado de recuperar”.
 
-AJSE: ¿Qué impulsó la creación de un acuerdo de paz en Colombia?
 
-AL: Hay una guerra de muchos años que no dio el resultado esperado. Creo que las FARC, asesoradas por muchos personajes internacionales, como Hugo Chávez y Fidel Castro, reflexionó que quizás ese no sea el camino. También va quedando la sociedad civil de por medio, vas ganando odios, la guerra va apretando y los ideales empiezan a moverse en muchas direcciones.
 
“También influyó que hubo un periodo de guerra muy duro de 2000 a 2002, con Álvaro Uribe, donde hubo una confrontación armada que cobró la vida de líderes guerrilleros. Esos años dejaron de por medio muchas vidas.
 
“Eso creó las condiciones para que las FARC y el gobierno dijeran ‘vamos a sentarnos a negociar en un escenario que parecer ser favorable en comparación con otros intentos de negociación’.
 
-AJSE: ¿Cómo están representadas las mujeres en los seis puntos que contiene el acuerdo de paz?
 
ALG.- Esos seis puntos no es que resuelvan el conflicto armado en Colombia. No hemos estado tan soñadores como para decir aquí ya se resolvieron todos los problemas que tenemos, pero sabemos que esto es un pasito que permite el desescalamiento de la guerra, que nos va a dar otras posibilidades de construcción de participación política, va a generar otros niveles de reconocimiento de las voces de las víctimas, y va a permitir conocer una parte de la historia de Colombia que ha estado muy silenciada.
 
El primer punto, por ejemplo, es el de la reforma rural integral y que contiene unos elementos de reforma agraria que contempla la necesidad de la tenencia de la tierra para las mujeres, que puedan ser titulares para acceder a un fondo de tierras (baldías, ilegales, de mal uso) que estipula el acuerdo que se distribuyan.
 
“El punto de participación política contiene garantías de participación en un país que ha eliminado sistemáticamente la oposición. Plantea que se pueda hacer una oposición desde la democracia, y genera garantías de participación para las mujeres.
 
“El punto que trata sobre las víctimas es el más grueso. Tiene una jurisdicción especial para la paz que incluye una serie de mecanismos jurídicos de reconocimiento de la verdad y de reconstrucción de la memoria histórica. Se logró, por ejemplo, que haya un espacio de esclarecimiento específico de las violencias sexuales en el marco del conflicto.
 
“Esto se logró por la presión del movimiento de mujeres, de las feministas, de las organizaciones y del movimiento de diversidad sexual que hizo que se instalara una subcomisión de género.”
 
-AJSE: ¿Por qué la población votó por el no?
 
-ALB: Falló que estábamos muy confiadas en que el país iba a decir que sí. Era un poco impensable que un país le dijera no a un acuerdo de paz. Creo que fallamos como fuerza política, en términos de las izquierdas.
 
“Hubo mucha confianza de que el gobierno estaba haciendo la campaña del sí. Eso no quiere decir que los movimientos sociales no hicieran su campaña, pero no se puso la mirada sobre el papel de las iglesias evangélicas y cristianas, que fueron fundamentales en la campañas del no y que son fundamentales como actores contrarios a todo lo que hemos planteado (los movimientos de mujeres y de izquierda).
 
“La campaña del sí fue muy de explicar el acuerdo, racional, y la del no fue muy emocional, basada en infundir miedos a partir de muchas mentiras y de rabia. Decirle a la gente, por ejemplo, que si ganaba el sí un guerrillero nos iba a gobernar, como si esto automáticamente pasara”.
 
-AJSE: ¿Quiénes votaron por el sí?
 
-ALB: Hay una relación muy interesante en el mapa. Mayoritariamente la votación por el sí está en las zonas que bordean el país, las zonas más periféricas, más empobrecidas históricamente, las más rurales. El Caribe colombiano, el Pacífico, la zona del Amazonía son en la mayoría, comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.
 
“Votaron por el no las ciudades centrales del país, como Medellín, de donde sale Álvaro Uribe, y que es una ciudad de ultraderecha, y otras ciudades centrales del país. Esa división también nos dejó muy tristes, porque son las ciudades más cómodas y con más privilegios, de espaldas al país que vivió la guerra. En las zonas donde ganó el sí es donde se vivió con mayor rigor la guerra. Muchas de las personas que fueron víctimas, dicen que sí necesitamos la paz”.    
 
-AJSE: ¿Cuál es la ruta que sigue?
 
-ALB: El acuerdo sigue, está en un proceso de revisión porque lo que viene, y por eso estamos en la incertidumbre, es que se sientan en la mesa las iglesias y los líderes de ultraderecha. Ellos han dicho que no le dicen no a la paz, sino no a esa paz que se negoció. Está en un proceso de revisión con ellos para ver qué se incorpora.
 
“Va a ser un escenario de tensión permanente. Una de las exigencias de las iglesias y ultraderechosos es que salga todo lo que dice la población LGBTTTI, que haya un enfoque transversal de la familia natural, y un reconocimiento de las iglesias como víctimas colectivas del conflicto. Estamos muy expectantes. Tenemos que ir por varias vías. Este acuerdo debe seguir su rumbo, debe materializarse y entrar en su fase de implementación y verificación.
 
“Yo espero que este ejercicio de negociación no elimine esos mínimos que ya se habían ganado. Quienes venimos de propuestas feministas más radicales tenemos que seguir movilizándonos porque aquí no se ha ganado todo. Nuestro escenario de movilización y lucha va a continuar pero tenemos este escenario (el del acuerdo) y también lo necesitamos.”
 
-AJSE: ¿Cómo entienden la paz las comunidades más castigadas por el conflicto armado?
 
-ALB: Ellas dicen ‘necesitamos que no estén las multinacionales llevándose nuestros recursos naturales, que se paren los proyectos extractivistas. Muchos de los miedos son sobre qué vamos a hacer con la apertura que se va a dar (a las trasnacionales) cuando muestras un país menos conflictivo, tomando en cuenta que tenemos un presidente neoliberal.
 
“Este momento nos ha permitido escuchar cómo entienden la paz las comunidades. Las comunidades lo que dicen es ‘para nosotros la paz no es sólo el silencio de los fusiles, para nosotros la paz tiene que ver con unas condiciones de vida digna que no tenemos y no conocemos. Para nosotros la paz es acceso a la tierra, el acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación, y la paz para nosotras no está completa hasta que no logremos eso’”.
 
Esta entrevista se realizó el pasado 8 de noviembre. Hace tres días, el gobierno colombiano y los líder es de las FARC firmaron un nuevo acuerdo de paz que no incluye el 100 por ciento de las los puntos del acuerdo original.
 
16/AJSE/LGL