Deserción escolar en las jóvenes: efecto de la desigualdad social

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Deserción escolar en las jóvenes: efecto de la desigualdad social
Especial
Por: Carmen R. Ponce Meléndez*
Cimacnoticias | México, DF.- 17/02/2015

El sistema educativo y los mercados de trabajo más que constituir espacios de equiparación de oportunidades, parecen reproducir y consolidar las desigualdades de origen.
 
Los hombres son menos sensibles a los efectos del origen social. Específicamente, los análisis sugieren que aunque los varones provienen de hogares mejor posicionados socialmente, su probabilidad de salir tempranamente de la escuela no desciende más allá de un cierto punto.
 
En las mujeres, en cambio, se observa un ascenso continuo en la probabilidad de salir de la escolaridad a medida que se considera un origen social más bajo.
 
Respecto a las trayectorias laborales, se han observado diferencias significativas en las formas de inserción de mujeres jóvenes y hombres, así como en los patrones de movilidad ocupacional, salida y regreso al mercado de trabajo.
 
Las mujeres tienden a incorporarse al trabajo en mayor proporción en empleos no manuales que los varones; tienen una mayor tendencia a salir del mercado laboral, y una menor tendencia a regresar a la escuela.
 
Estas diferencias se acentúan para aquellas jóvenes que han tenido hijos, lo que no sólo indica la persistencia de concepciones tradicionales acerca de los roles de género, sino que también señala la insuficiencia de las políticas para apoyar a las jóvenes a hacer compatibles los roles de madre y trabajadora.
 
Son hallazgos de la investigación realizada por El Colegio de México (Colmex) y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), publicada con el título “Caminos desiguales. Trayectorias educativas y laborales en la Ciudad de México”. Fue coordinada por Emilio Blanco, Patricio Solís y Héctor Robles.
 
De acuerdo con el estudio, el origen social persiste como la principal fuente de divergencias en las carreras educativas, tanto en su progresión como en su diversificación en las distintas modalidades del sistema. Éstas, a su vez, impactan de manera considerable en las oportunidades laborales de los jóvenes.
 
A lo anterior hay que agregar que el origen social también influye en estas oportunidades, independientemente del nivel de logro educativo.
 
Por lo demás, los efectos observados atribuibles a las políticas sociales (Oportunidades/Progresa) son débiles, y no puede afirmarse que el sistema educativo garantice la igualdad de oportunidades.
 
La probabilidad de interrumpir la trayectoria educativa regular se dispara mucho más temprano para los sectores menos favorecidos. También es menor para ellos la probabilidad de regresar en algún momento a la escuela.
 
En la educación básica, a medida que el origen social es menor, no sólo se reduce la probabilidad de asistir a una escuela privada, sino también la probabilidad de hacerlo en el turno matutino por contraposición al vespertino.
 
Asimismo, en los niveles medio superior y superior, el origen social incide marcadamente en la probabilidad de ingresar a las opciones educativas de mayor prestigio (específicamente la UNAM y sus preparatorias).
 
La segunda gran dimensión en la cual se manifiesta la desigualdad de orígenes sociales es la relacionada con las trayectorias laborales de las y los jóvenes. El origen social incide significativamente en la categoría ocupacional de inicio y en la probabilidad de movilidad ocupacional posterior y por consiguiente afecta más a las jóvenes.
 
Para los jóvenes de origen más elevado es mayor la probabilidad de insertarse en ocupaciones de jerarquía alta, y marcadamente menor la probabilidad de iniciar en empleos de baja jerarquía. Además, la probabilidad de moverse hacia empleos de mayor jerarquía es mayor para este segmento de la población.

(VER GRÁFICA AQUÍ)

Cuando consideran las interrupciones escolares ocurridas antes de los 15 años de edad, las diferencias entre estratos se disparan. Cerca de 16 por ciento del total de los jóvenes experimentaron un evento de este tipo, pero mientras que en el estrato más alto el porcentaje es de 8 por ciento, en el más bajo es de 33 por ciento, es decir que la probabilidad de salir de la escuela es cuatro veces mayor.
 
Considerar las diferencias entre estratos hace aparecer también diferencias entre ambos sexos: una mujer del estrato más bajo tiene 17 veces más probabilidades de salir antes de los 15 años que una del estrato más alto, mientras que entre los hombres esta relación es de poco más del doble.
 
Las jóvenes de estratos bajos abandonan a una edad más temprana la escuela (antes de los 15 años), con un porcentaje del 34.4 por ciento. En contrate, en los hombres esta proporción se reduce a 29.8 por ciento (ver gráfica).
 
El empleo de las y los jóvenes y su retiro de la escuela son el resultado de decisiones de los hogares por emplear la fuerza de trabajo secundaria para contrarrestar la contracción del ingreso familiar que provoca una crisis económica.
 
Un incremento en la probabilidad de trabajar por parte de las niñas que antes de entrar al programa ya tenían entre 13 y 15 años, pero sin afectar su continuidad en la escuela.
 
Una posible explicación de este fenómeno es que el retiro de los hijos menores (asistentes a la escuela primaria) es compensado con un ingreso al mercado de las hijas jóvenes (cursantes de secundaria).
 
Mientras más reciente es la generación de jóvenes, más temprano es su ingreso al mercado laboral (12 a 17 años), eso sucede en ambos sexos.
 
Sin embargo, al analizar por separado la evolución según el sexo, se constata que este incremento es explicado por la mayor informalidad que han tenido las mujeres, donde alrededor de un 19 por ciento más tuvieron un primer empleo en condiciones de precariedad y desprotección. No ocurre lo mismo con los varones.
 
Twitter: @ramonaponce
 
*Economista especializada en temas de género.
 
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