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   ¿Y los tratados internacionales?
"Delitos de honor" que victimizan a las mujeres
Por: Tere Mollá*
CIMAC | México.- 06/02/2007 En cuestiones de honor, la mujeres seguimos llevando las de perder.

El pasado viernes dos de febrero, en un diario de ámbito autonómico, leía el siguiente titular de una noticia breve: "Una turba viola y obliga a una chica a pasear desnuda en Pakistán por un crimen de honor".

Me espantó el titular pero lo acabé leyendo. La chica en cuestión tiene tan sólo dieciséis años y nada tenía que ver con el honor de los agresores. Su única culpa era la de ser prima de otro hombre que se había fugado con una mujer familiar de los agresores.

Por ello tuvo que soportar que once hombres la secuestraran. Que al menos dos de ellos la violaran y que después la obligaran a pasear desnuda por las calles de su pueblo, hasta que las ancianas del pueblo la rescataron y la cubrieron con una sábana. Todo ello según la denuncia interpuesta por su padre.

Esta adolescente sufrió en sus propias carnes la venganza de la barbarie masculina que se cebó en ella por el simple hecho de haber nacido mujer y prima de otro hombre que actuó según su propio criterio. Ella no pudo elegir. Pagó por un crimen que no cometió y lo pagó con un precio que jamás podrá olvidar ni borrar de su propia piel.

Después de más de diez años, desde que este país ratificara la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, estas cosas siguen ocurriendo. Y, lo que es peor, el hecho de que estas prácticas no se hayan extinguido ni reducido siquiera se debe, seguramente y en gran medida, a la complicidad, aquiescencia e indiferencia de las autoridades del gobierno.

Son demasiados los países que ratifican este tipo de Convenciones Internacionales por cuestiones puramente de maquillaje político y que luego no modifican sus leyes internas para adecuarlas a los tratados intenacionales.

Son demasiados los Estados y países en donde se sigue considerando que las mujeres somos ciudadanas de orden inferior y que, por tanto, podemos ser usadas para saldar deudas de honor entre los hombres de diferentes tribus o etnias.

Mientras los códigos y leyes sobre familia no se modifiquen en estos países, desgraciadamente seguiremos leyendo este tipo de noticias en los periódicos. Y seguirán siendo, de nuevo, las mujeres y las niñas las que se lleven la peor parte.

Este caso saltó a las páginas de este periódico gracias a una agencia de noticias, pero ¿cuántos casos quedarán silenciados en Pakistán sin que se sepan y, lo que es peor, sin que se haga nada por remediarlo?

¿En cuántos países se actuará contra las muejres del mismo modo que en Pakistán, sin que los gobernantes actúen decididamente para erradicar este tipo de conductas dignas de la peor etapa de la historia de la humanidad?

Desgraciadamente para las mujeres, con sólo uno que hubiera, ya sería demasiado. Y estoy segura que no se trata sólo de este Estado.

Los códigos de honor siguen vigentes en demasiados puntos del planeta y son vestigios de tiempos en los que las mujeres no éramos más que objetos con los que se podía negociar. Éramos y somos en esos sitios como los animales, por los que se negocia incluso un precio.

Y los funcionarios que, teóricamente, han de perseguir este tipo de crímenes, en muchos casos mirando hacia otro lado. Y los gobernantes sin actuar decididamente. Y mientras ellas, nosotras, pagando incluso con nuestras vidas por ser mujeres, por causas que no son, ni siquiera, consecuencia de nuestros propios actos.

La injusticia en su grado máximo.

Ya es demasiado tarde para muchas de nosotras. Afortunadamente algunas tenemos la voz y la palabra y podemos denunciarlo. Aquí queda mi denuncia pública.

*Feminista española de Ontinyent, Valencia.tmolla@teremolla.net
07/TM/GG







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